Domingo, 14 de Julio 2024
Sábado, 25 de Mayo del 2024

Ana Burdisso, madre y emprendedora funense que descubrió otra vida entre ollas y flips

Dejó todo por el mundo de las ollas Essen. Ahora, a su tiempo y junto a sus pequeños hijos, se supera mes a mes y capacita a quienes quieran seguirla.

Dicen que en tiempos de vacas flacas hay que reinventarse, o bien que esa habilidad surge cuando uno más lo necesita. Ana Clara Burdisso (@unamama.cocina), más conocida como “Anita”, es uno de los tantos ejemplos de mujeres que buscan aportar a la economía del hogar pero sin dejar de compartir el día a día con sus hijos. Es por eso que luego de varios intentos y proyectos que vieron la luz pero quedaron truncos, incluso luego de haber trabajado en relación de dependencia, dejó todo para poder seguir cerca de sus pequeños y encontró en la empresa de ollas Essen la salida que estaba buscando, y ahora no sólo ve cómo se autosupera mes a mes sino que capacita a otros para que puedan ingresar a este mundo de ventas. “Se trata de querer crecer y siempre fui como positiva y Essen me trajo una chispa muy especial, me dan ganas de trabajar cada día para mejorar y personalmente es un crecimiento muy grande, con metas diarias y si lo hago con una sonrisa lo logro más fácil y quiero contagiar eso”, resumió.

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— Supongo que ya conocías las ollas desde chica

— Si, mi mamá me regaló una flip hace un tiempo y me encantó, hacía de todo ahí, hasta mi marido decía que hacía el estofado (risas), un exagerado, pero si, fue todo un descubrimiento. Pero antes de las ollas surgieron varios proyectos, todo con mucho amor y ganas, pero no todo salió bien. En la pandemia empecé a tejer bufandas y me fue muy bien, hice como cien, pero el verano llegó y había que pensar en otra cosa. Así que con mi hermana, que es biotecnóloga, hicimos un curso de cosmética natural y empezamos a producir bálsamos, jabones, serum, tonificantes, cremas y demás. Pero la producción demandaba mucho tiempo, no nos rendía como esperábamos y ella tuvo que irse por su trabajo así que otra vez guardando todo.

— Siempre buscando ideas

— Es que el hecho de criar a mis hijos no debe ser un motivo para posponerme. Siempre los tiempos, la rutina y las demandas externas, como me pasó con el trabajo fijo que tuve te terminan llevando a dejar todo para estar con ellos, pero descubrí que se pueden hacer las dos cosas al mismo tiempo, y en el mismo lugar.

—¿Qué te atrajo de Essen?

— Primero que no tenía que invertir un peso. Nada. Sólo me hice monotributista porque así facturo lo que vendo, pero no tenía ni mínimo ni máximo de ventas, no tenía exigencias de horarios y las ganancias eran y son muy buenas, así que todo dependía de cómo me moviera para vender. No había nada que perder. Encima me permite seguir en casa con los chicos, que aún son chiquitos, y conectarme de mil maneras posibles para poder vender. Hasta en las vacaciones repartimos folletos con mis hijos y terminé vendiendo una cacerola a Ushuaia.

— Además es una manera de ocupar la cabeza en otra cosa, un desafío diario

— Si, yo necesitaba eso, sentirme útil, capaz, más allá de la maternidad y de la casa. La verdad es que no sabía subir una historia a redes y ahora ya hice varios de los más de 60 talleres gratuitos que nos brindan en la empresa, que son online y están grabados, así que los ves cuando queres y podes. Tenes también talleres de gestiones comerciales, redes, liderazgo, ventas, control de emociones, y ahí aprendes todo, capacitándote, probando, dando a todo una iniciativa personal, “humanizar” la cuenta de Instagram es fundamental. Aprendes muchísimo y sobre todo te estimulan para superarte a diario. En estos meses aprendí un montón como persona porque no se trata sólo de vender una cacerola, es también poner lo mejor de vos para eso, es darle tu toque personal y ahora es brindarle el espacio a otros que quieran sumarse.

—¿Pero habiendo tantos vendedores, no se terminan los clientes?

— Muchos piensan eso pero es imposible. Cuando comencé dije “bueno, voy a tratar de vender 2 o 3 cacerolas al mes”, así las ganancias me rendían, pero en mi primer mes vendí once y no hubo mes en el que no vendiera. Somos más de 20 mil vendedores en todo el país, y vendemos las mismas cacerolas, pero no todos lo hacen de la misma manera, y eso es lo que cuenta.

—¿En Funes las ferias también posibilitan el contacto con los potenciales clientes?

— Si, yo voy a cada feria que puedo, ahí siempre se vende algo, y haces mucho contacto. Aparte en las ferias pueden ver cómo son los productos, cómo decoran también tu cocina, sacarse las dudas. Lo que vende la olla es la atención pre y pos venta, así que no se terminan los clientes si en tu misma manzana tenes otra vendedora. Y no olvidemos una de las cosas más importantes, que es el ahorro de gas que te implica. Un horno es como si usaras siete hornallas al mismo tiempo, en cambio con las Essen, sólo usas una y cocinas mucho más rápido. Aparte con el antiadherente que tiene hasta la podes limpiar con un trapito y seguir cocinado otra cosa en el momento. En casa, por ejemplo, llenábamos “la chancha” cada 6 meses. Ahora lo hicimos una vez en el año porque debíamos hacerlo, pero si no, teníamos gas un par de meses más.

—¿Cómo es compartir este emprendimiento con la crianza? Porque los chicos participan de los videos que publicás en redes sociales

— Ellos están contentos, ven a su madre feliz y son testigos de los cursos online que realizo, de los pedidos que llegan, hasta han jugado a ser “emprendedores”, como dicen. Hasta el día de hoy algunos te miran con cara de poca cosa cuando les decis que vendes cacerolas, pero ya no me interesa. Yo disfruto de este trabajo y a mis hijos les enseño eso, que lo mejor se hace cuando tenes ganas, y que a los prejuicios no le den bolilla. En cuanto a la cocina, ellos cocinan mucho, les gusta, porque ven que es fácil y pude incursionar más en la cocina saludable. Y eso ven en mis redes, recetas fáciles y saludables que en pocos minutos te resuelven una comida o una merienda bien rica.

—¿Preparas recetas especiales para las redes? 

— No, yo ya tengo todas las piezas de Essen que me las fui ganando por las ventas, por los puntos acumulados y demás, así que siempre uso alguna. Y cocino con lo que tenemos en casa. Lo mío es una cocina cotidiana. Siempre trato de que sea saludable porque así quiero alimentar a mi familia y sé que del otro lado a alguien le puede interesar la receta que publique.

—¿Cómo es el sistema de ventas y beneficios para quienes se sumen?

— Primer tenés que ser monotributista. No tenés mínimos ni máximos en venta. Ganás dinero por cada pieza que vendes y a su vez sumás puntos, los cuales te permiten o ganarte una pieza gratis, o se convierten en un importante descuento para comprarte otra. Pero eso no es todo, los puntos también te van sumando bonos e incentivos para acceder a conferencias, reuniones anuales, fiestas y seminarios con emprendedores y líderes de todo el país. Y hoy, la ganancia de una olla pueden ser unos 90 mil pesos, lo cual es más que tentador.

— Además de las metas en este negocio, ¿qué sueño tenés?

— Mi desafío personal es armar y gestionar y capacitar a un grupo muy grande de personas para que trabajemos juntos, porque sé que se pueden cumplir los sueños. Yo lo hice. Y sigo trabajando para darles el ejemplo a mis hijos, porque todo se trata de querer crecer. Yo siempre fui como positiva y Essen me trajo una chispa muy especial, me da ganas de trabajar cada día para mejorar y es un crecimiento muy grande, con metas diarias y si lo hago con una sonrisa lo logro más fácil y eso es lo que quiero contagiar.

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