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Por Vanesa Fresno

Tras un accidente le dijeron que no iba a volver a caminar: hoy corre maratones

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Ricardo Juárez es un funense con una gran historia de superación que refleja que los milagros existen y que si uno se lo propone, puede lograr cosas increíbles.

Cuando tenía 27 años el funense Ricardo Juárez sufrió un muy grave accidente que lo dejó al borde de la muerte. Los médicos llegaron a decirle a su familia que rezaran por él porque estaba muy grave. Sin embargo, logró recuperarse, salir adelante y, tras una larga rehabilitación, decidió empezar a correr: hoy es un atleta apasionado que ya compitió en más de 18 carreras.


El accidente sucedió el 10 de abril del 2011, cuando Ricardo junto a tres amigos fueron en auto hasta la ciudad de Las Rosas a un boliche para festejar el cumpleaños de uno de ellos. Comieron, tomaron y se divirtieron. Al volver para Funes decidieron tomar la autopista, y a la altura de la ciudad de Cañada de Gómez el conductor se quedó dormido  y el auto se desvió, el acompañante del conductor lo despertó asustado y su instinto fue apretar los pedales, lo que provocó que el auto comenzara a dar vuelcos.


Ricardo se encontraba en el asiento trasero ubicado detrás del conductor: “Los cuatro nos habíamos quedado dormidos y mi amigo que estaba al lado del conductor fue el que se despertó, y le avisó al conductor, que se asustó, tocó los pedales, y el auto comenzó a dar tumbos y pasamos para la otra mano, después de eso no me acuerdo más”, relató sobre el momento crucial del accidente Ricardo.


“El primero que llegó al lugar del accidente fue mi marido y yo después fui con una amiga que era la madre de otro de los amigos de Ricardo. A él ya lo habían rescatado los bomberos y lo habían internado en el hospital de Cañada de Gómez. Cuando nosotras llegamos, lo primero que vi fue el auto que estaba destruido y todo cortado, y yo me imaginaba lo peor”, contó la madre de Ricardo cómo vivió ese día.


Desde allí se dirigieron hasta donde lo habían hospitalizado y se encontraron con los demás amigos de Ricardo, dos de ellos no habían sufrido heridas de gravedad y pudieron contarles lo que había pasado. Más tarde pudieron hablar con el médico quien les informó que los golpes más graves los había recibido en la cabeza, y que su estado de salud era muy grave.


Por cuestiones médicas debían trasladar a Ricardo a Rosario para que se le pudieran realizar otro tipo de estudios, su estado era muy delicado y no sabían si iba a sobrevivir. 


La recuperación milagrosa

En el sanatorio rosarino estuvo internado 50 días, de los cuales 20 se encontró en estado de coma. Pero se fue recuperando y al tiempo lo trasladaron a una sala común no sin antes pasar por varias operaciones en algunas extremidades del cuerpo.


“Lo operaron del brazo, pero tenía muchos golpes en la cabeza por lo que neurológicamente no había quedado bien, era el pronóstico que nos daba el médico, que nos decía que Ricardo no iba a quedar bien, no iba a caminar, ni a hablar. Luego de eso nos informaron que teníamos que llevarlo a un centro de rehabilitación, buscamos el centro y lo llevamos a uno de San Jerónimo”, contó la madre.


Una vez en el Centro Ricardo reaccionó “del todo” ya que con anterioridad se encontraba despierto pero no hablaba, ni tenía sentido de la orientación. “De junio hasta octubre me acuerdo que estuve internado ahí, me acuerdo que un día me desperté temprano y no entendía nada. Al lado de mi cama había una silla de ruedas y no sabía porqué estaba ahí. Preguntaba siempre porqué estaba ahí y los médicos me contaban, pero a los 30 segundos me olvidaba de todo y me tenían que volver a decir, realmente fue una lucha diaria, fue así casi seis meses que estuve internado, fue durísimo y lo más feo que te puede pasar. Se hace muy duro, hasta llegué a pensar que había caído en las drogas: yo asociaba un centro de rehabilitación con eso, ni siquiera había pensado que existía para recuperación luego de accidentes u otras cosas. Estuve mucho tiempo en sillas de ruedas y bajé mucho de peso, fue muy duro tanto para mí como para mi familia”, recordó.


Poco a poco se fue recuperando y avanzando en la rehabilitación, cada día se podía notar una mejoría. “Un día lo llevaron a la pileta y empezó a caminar en el agua, de a poco fue recuperando su musculatura y empezó a comer bien. A partir de ahí comenzó a mejorar día a día, todos los días era un avance, también lo motivó la llegada de un sobrino ya que mi hijo más grande le dio la noticia de que iba a ser papá y decidió recuperarse para estar bien al momento del nacimiento de su sobrino. Después empezó a caminar con un carrito, era luchar todos los días y muy importante la ayuda de todos los médicos”, relató la mamá de Ricardo.


Tiempo más tarde, en noviembre del 2011, le dieron el alta de ese centro de rehabilitación y Ricardo pudo volver a casa, de todos modos debía seguir con una rehabilitación casi diaria para continuar con su recuperación, y comenzó un tratamiento en la ciudad de Rosario.


En diciembre del 2011 hasta diciembre del 2014 Ricardo continuó con su rehabilitación, del 2011 a 2013 realizaba el tratamiento todos los días de lunes a viernes, y el último año sólo iba dos o tres veces por semana.


Cómo nació la pasión

“En esa rehabilitación, empecé a trotar en la cinta, y me gustó mucho, lo intenté y me gustó, comencé a sentirme bien y lo seguí haciendo. Después cuando terminó la etapa de la rehabilitación comencé a hacer actividad física por mi cuenta y al aire libre, no iba a gimnasios. Yo tuve mi alta definitivo de rehabilitación en diciembre del 2015, a fines del 2016 se me dio por salir a caminar y cuando salí a caminar me gustó intentar trotar, y empecé a trotar y después me animé a correr y dije -esto es lo mío-”, contó Ricardo sobre cómo comenzó su pasión por el running.


“En marzo del 2017, mi hermana vió la publicación de una maratón de Unicef y me incentivó para que me anote y me anoté, fue de 10 kilómetros. De ahí comencé a conocer gente que también corría y todos me decían que era como un vicio que corrías una maratón y después no lo dejabas más”, contó emocionado recordando su primera carrera.


Hasta el día de hoy lleva 18 maratones corridas y planea seguir con ellas, algunas fueron en Rosario y otras en Funes, participó por dos o tres años de la famosa carrera del Club San Telmo, entre otras. 


A Ricardo le gusta entrenar bien y prepararse antes de cada maratón, “No me gusta ir a una maratón sin entrenar. Para prepararme me suelo tomar dos semanas antes con un entrenamiento anterior de una o dos veces por semana, intento comer lo más liviano posible, consumir proteínas y disminuir las harinas, además de entrenar lo más fuerte posible hasta los últimos tres días donde me tomo un descanso para llegar bien a la maratón”, explicó sobre su rutina de entrenamiento.


Comenzó con 10 kilómetros y luego fue en aumento, pasando por carreras de 15 kilómetros y hasta de 21 kilómetros, su marca personal es de 10, pero “no se achica” y corre todas las maratones, “Me gusta correr y no le doy importancia tanto a la distancia, sino a sentirme bien, me hace sentir libre, distinto, es difícil explicar lo que me hace sentir, por un momento pensé que lo descubrí tarde, pero luego mi padre me dijo -lo descubriste cuando lo tenías que descubrir- y creo que sí fue así. Entrenar lo disfrutó hoy, como lo disfruté el primer día”


Actualmente Ricardo tiene 36 años, y vive una vida como todos los demás: trabaja por la mañana en la Municipalidad de Funes en el Tribunal de Faltas, maneja su propio auto y por las tarde entrena para mantenerse en forma para las próximas maratones que se avecinan. 

Su próximo objetivo son las olimpiadas municipales, este sería el tercer año que participa y ya se encuentra entrenando. Se realizará en el Polideportivo y en el Estadio municipal los días sábado 9 y domingo 10 de noviembre, hay diferentes categorías en atletismo, de 100 metros, 400 metros y 5 mil metros, Ricardo participará de las tres categorías.


“Para cualquier persona que esté transitando por una situación similar a la yo viví, puedo decirle que a mi me salvó el deporte, más allá de la rehabilitación y el apoyo de amigos y mi familia, digo que el deporte fue lo que me terminó de sanar, para mi fue lo mejor que me pasó en los último años, porque descubrí algo que antes no había podido descubrir. Mi mensaje sería que el deporte sana, y hay que buscarle la vuelta, y cuando te dicen que no vas a poder, no le hagas caso y seguí intentándolo, hasta que te salga, hay que ser constante y cabeza dura”, finalizó Ricardo emocionado.


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