Sábado, 13 de Julio 2024
Sábado, 04 de Mayo del 2024

“En el arte y en la vida, a los errores le das vuelta para llegar al resultado esperado”

Milena Paglini es artista plástica. Vino a Funes buscando paz y armonía; y las halló en las antigüedades, los cuadros que pinta y los muebles que restaura.

La artista y docente Milena Paglini, licenciada en Bellas Artes, lleva en Funes 8 años y aquí se vio renacer dentro de su pasión: el arte en todas sus formas. Si se la busca en redes, tiene tres cuentas, una por su atelier (@atelier.milenapaglini), otras por su restauración de muebles (@layayamuebles) y otra por su trabajo y venta de antigüedades (@antiguedadeslayaya). Desde muy chiquita respiró arte, ribetes dorados, flores de Monet, vajilla alemana, cristalería tallada, jugó entre paredes repletas de platos decorativos y tomó la leche sobre manteles de puntillas. Su abuela vivía en la hoy transitada Cortada Ricardone en Rosario, una calle que Milena recuerda como “tranquila” (hace 40 años) y a la que hoy no tiene intenciones de volver ni siquiera por un trámite.

“Funes me da la tranquilidad que necesito, la paz y seguridad, volver a Rosario me estresa mucho. Mi lugar está acá, con mi arte, mis cosas”, confió.


¿Cómo llegaste a Funes?

A mi marido lo habían trasladado de Rosario a Villa Mercedes, en San Luis, por trabajo, y allí estuvimos viviendo un tiempo. Cuando debíamos volver no quisimos regresar a Rosario y decidimos mudarnos a Funes y comenzar nuestra vida acá, lejos de tanta, pero tanta urbanización, ruido, contaminación y ahora inseguridad.


Hoy esa Cortada Ricardone no tiene nada que ver a la que te vió crecer…

(Risas) Ya lo sé, es increíble pero allí andaba en patines, súper tranquila, era como una cortada de un barrio más alejado, pasaba poca gente. Hoy ya tengo 48 años y si, Rosario cambió mucho. Pero bueno, sigo recordando la casa de mi abuela con sus paredes llenas de platos, que estaba entre el banco y el hotel, que ahora ya se derribó. Su padre, mi bisabuelo, tenía una proveeduría marítima, ella era coleccionista de arte, así que desde muy chica vi y usé distintos objetos bellísimos. Era muy común comer masitas en un plato de flores y ribetes dorados, tomar agua en un vaso de cristal, ver discos de vinilo por todos los rincones, sentarme en sillones berger y correr entre muebles gigantes y antiguos.


¿Entonces el estudiar Bellas Artes fue una decisión única?

Si, no había otra cosa que me interese. Desde los 7 a los 17 hice danza clásica, eso me mantuvo con el arte tan de cerca, pero ya al terminar la secundaria me dediqué de lleno a estudiar lo que me apasiona.


¿Y cómo llegaste a restaurar muebles y dedicarte también a las antigüedades?

Siempre me gustaron mucho los materiales, la estética, los sellos, los diseños y la calidad que tienen los muebles antiguos, los platos, las copas, es impresionante, y lo digo por igual en industria nacional como francesa, alemana e inglesa. Así que todo eso lo tengo en mi interior desde chica. Pero en el año 2000, cuando terminé la carrera, me fui seis meses a Brasil, pinté murales, y desde 2003 al 2004 viajé con Alejandro, mi marido, a Bariloche para hacer body painting y trabajar con velas de decoración. Hasta que en 2006 me contrató la empresa Sherwin Williams para su departamento Color Studio donde enseñaba a usar pátinas y técnicas de pintura a trabajadores de la empresa y público en general. En paralelo comencé a restaurar algunos muebles de amigas, algunos míos, hasta que durante la pandemia, ya con el Color Studio cerrado y trabajando por mi cuenta, como la gente no gastaba plata en salidas o viajes, se dedicó a renovar la casa, y ahí mi taller explotó de trabajo y tuve que armarme de un equipo porque sola no podía con tanta demanda.


Te reinventaste...

Si, fue así. Con mi marido tuvimos un taller de carpintería y trabajamos un tiempo  juntos, pero al reiniciar mi vida luego que falleciera comencé a capacitarme y especializarme en la restauración. Que son horas de taller, donde adquirís experiencia, te encontrás con miles de errores que cometes y nadie te lo advierte, y le buscás la vuelta hasta dar con el resultado esperado. Creo que es como en la vida misma.


¿Cómo se trabajan las emociones, el valor sentimental cuando te traen un mueble que perteneció a un ser querido?

Es toda una responsabilidad. Ese mueble viene con una carga energética importante, de una historia, de una época, de un vínculo afectivo. Al trabajar sobre él, rellenar esa partecita que se rompió, tapar una grieta, cambiarle una pata y pintarla de otro color, más actual, más acorde a la decoración y el uso que le va a dar esta nueva familia, se renueva también su energía y función.


Y los recuerdos se mantienen…

¡Si! Y se pueden disfrutar en la casa, en la cotidianeidad de uno. Siempre digo que con los muebles y vajilla uno debe disfrutarlo en la diaria. Te tomás un café o un mate, por qué no vas a usar una bandeja hermosa para poner esas tostadas, o usar las copas de cristal para ese vaso de agua que necesitas. Con elementos tan lindos, cada momento diario cobra otra vida, otro color, es mucho más bello. Ya no va más el guardar todo para “una ocasión especial”. Hoy es una ocasión especial.


¿Y con tus cuadros cómo trabajas esas historias y vínculos afectivos?

Trabajo mucho con cuadros de traspaso generacional. Es un cuadro que por medio del collage se resume una idea para honrar a un ser querido, a un ancestro. Sean retazos de telas, botones de nácar que usaba esa abuela o tía, los colores que les gustaban, todo se une en una pieza de arte. Se suelen hacer junto a charlas con el cliente, en torno de lo que son las constelaciones.


¿Y el reciclado o restaurado se debe a una moda o la búsqueda de una identidad?

Muchos lo pusieron de moda incluso con la onda vintage, pero en realidad es parte de la economía circular. Preferentemente, donde hay una economía es donde el objeto circula y no hay una nueva fabricación. Donde podamos reutilizar los objetos que tenemos, darle una nueva función y vida, siempre vamos a estar de la mano de la ecología, porque si necesitamos una nueva fabricación tenemos nuevas materialidades y tratamos de que eso no ocurra. Y te puedo decir que la vajilla antigua que se ve en estos días muchas veces cuesta menos que un juego de tazas o bandejas que se ven ahora en un bazar. Así que con más razón, es un buen momento para reutilizar piezas hermosas en nuestro día a día.  


Showroom de maravillas

Milena muestra y pone en venta sus colecciones (y elementos entregados en consignación) el segundo sábado de cada mes en el andén del Museo Murray, desde las 16; y en su Showroom (San Benito 103), el primer sábado de mes, de 10 a 19.


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