Es de Funes y unió su pasión pastelera con la de su padre fotógrafo en los festejos por los 150 años de Funes
Roxana Chacra, emprendedora y profesora de pastelería en el Cecla, transformó la historia de la ciudad en porciones que serán recuerdos.

Roxana Chacra (@delizpasteleria_) habla pausado, tranquila, se emociona cuando habla de su padre y atesora cientos de imágenes de la historia de Funes. Precisamente, con motivo de los festejos por los 150 años de la ciudad, decidió donar la gran torta de cumpleaños que se degustó el miércoles 27 en el Paseo de la Estación. La misma tenía en su exterior varias fotografías realizadas por su padre, Héctor Chacra, quien fuera el casi único fotógrafo oficial de la ciudad por muchos años, cuando era un pueblo y aún las redes sociales eran una utopía.
“Mi papá era un visionario, diría que tuvo el primer ‘Facebook’ en el mundo (risas), porque en la vidriera de su local, por 1983, cada lunes ponía todas las fotos que sacaba el fin de semana en los eventos sociales, hasta en los accidentes. Les ponía un numerito bien chiquito y todos pasábamos a verlas. Muchos se veían en ellas y, mencionando el número, les encargaban una copia. Otras íbamos a chusmear a ver qué se habían puesto tal o cual vecina y si estaba el chico que nos gustaba”, recuerda Roxana, a modo de resumen, sobre el vínculo que su padre tenía con el pueblo.
El local estaba en Santa Fe y Elorza, pero en su casa, de Sarmiento al 1800, donde hoy vive Roxana, era donde ocurría toda la magia.
“No recuerdo a mi papá fuera de casa sin la cámara en mano”, dice Roxana y comenta también que hace unos años donó las fotografías que él había sacado a las obras de la escuela del Liceo de Funes, al museo de la institución. “Cada día del niño y de la madre, mi papá junto a Nuñez, el de la empresa de sonido, cerraban la calle, hacían regalos a los niños o mujeres que iban ese día y había sorteos. Obvio que luego había fotos de ese evento en la semana”, suma.
Una idea, mil imágenes
Consultada sobre cómo surgió la idea de fusionar ambas pasiones en algo tan rico, una torta dividida en dos partes, una marmolada con dulce de leche (como las que le preparaban a ella de chiquita) y la otra parte de chocolate Dubai (con crema de pistachos), Roxana dice: “Se me ocurrió relacionar la pastelería con la fotografía, porque es algo que me atraviesa en mi vida. Si bien no soy fotógrafa, tengo mi cámara y con las tortas que realizo juego a serlo. Sé de miradas, de detalles, todo eso lo aprendí de mi papá. Y esta torta tenía que tener parte de él”.
Al enterarse Roxana del concurso que la Municipalidad de Funes lanzó con motivo de los 150 años de la ciudad, muchos, entre ellos directivos del Cecla, le sugirieron participar, pero ella no quería concursar. “Mi familia hizo mucho por Funes. Mi abuelo, Félix Antonio Cucurullo, era un gran poeta, uno de los salones de la escuela Nº 125 lleva su nombre y siempre dedicaba su tiempo y trabajo a las cuestiones administrativas y organizativas del pueblo. Es más, antes de ser renovada la Plaza de la Madre, al lado del monolito había un poema de mi abuelo. Mi papá recorría todo el pueblo con su cámara, era el hacedor de recuerdos de todas las familias, de la historia de Funes. Si ellos hicieron tanto por Funes, me pregunté qué podía aportar a la ciudad. Y se me ocurrió regalar una gran torta. Pero no una cualquiera, una que tenga, precisamente, un rollo de fotos, pero en vez de Fuyí, usé ese color y le puse Funes, y de ahí salían imágenes de mi viejo”, resume.
“Mi mamá me decía que yo no me iba de un cumpleaños sino cortaban la torta, es el final del festejo y por eso no quise participar del concurso. No pretendía que evalúen si es más rica o más linda. Esto va mucho más allá, quise que a esta torta la comieran todos, porque es mi historia en Funes, toda mi vida acá, la de mis abuelos, de mi viejo, es una historia familiar”, dijo.
Es más, aún tiene en sus manos un aviso del diario La Capital, de Rosario, saludando a Funes por sus 100 años, en una página donde figuraban varios comercios del entonces pueblo.
Y agregó: “Buscando entre las fotos encontré una del club Colón que hubo en Funes, no sabía de su existencia. Fueron fotos por una obra de teatro que se hacía por su primer aniversario. También planos, avisos de venta de lotes cuando todo esto no era Funes, sino San José”.
Aquellas calles sin peligro
Entre los recuerdos de su infancia y adolescencia, Roxana dijo que extraña mucho “cruzar la calle sin mirar”. “La primera vez que me tocaron bocina, me sonó raro, la calle era de tierra. Ahora está más tranquilo desde que es mano única (en referencia a calle Sarmiento). Y agrega: “También extraño no conocer a la gente, yo iba caminando y saludaba a todo el mundo, aunque sea de vista los conocías. Ahora veo muchas caras extrañas, entras a un local, saludas y nadie responde (risas)”.
Pero no todo es nostalgia, también comenta que, debido al crecimiento de la ciudad, disfruta mucho “tener tantas opciones en Funes”. “Antes sólo teníamos el bar del turco (Ventanales) y para salir a tomar algo teníamos que ir a Rosario. Hoy los chicos pueden estudiar, hacer deportes, música, teatro, y divertirse en un bar todo acá, y eso es maravilloso”, concluye.
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