Acoso callejero: Intentó abusarla pero antes la "piropeó"

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El hombre denunciado le dijo "esos ojitos claros" y en segundos la agarró del pelo e intentó manosearla. Una de las denuncias.

Una de las jóvenes que denunció el pasado sábado a un hombre que intentó manosearla en la vía pública, y de quién pudo escaparse a los empujones, declaró que segundos antes el hombre la "piropeó": "Esos ojitos claros me los quiero comer", recordó lo que le dijo.


"No queremos tu piropo", reza uno de los tantos lemas feministas. Y no es capricho, es poder entender que el acoso callejero es una de las tantas formas de violencia contra las mujeres, una de las más naturalizadas. Bajo el pretexto del halago, un hombre aborda a una mujer, de manera sorpresiva, intimidante, y mostrando claramente quien es el que "manda" en la vía pública.


La situación que arrancó como un incomodo piropo (esos que "no son para tanto") sucedió mientras el hombre, conocido en el barrio como Dante, la abordó mientras caminaba por calle Suipacha y Saenz Peña un sábado de sol a las cinco de la tarde.


"Esos ojitos claros, me los quiero comer", piropeó el acusado frenando el paso de la joven de 21 años, poniendo una bicicleta en frente de ella. "No me molestes", replicó la joven e intentó seguir su camino. Acto seguido, y en cuestión de segundos, el "piropo" se convertía en otra cosa.. el "halago" era prepotencia. ¿Se entiende por qué no quieren y no queremos sus piropos?.


"Me agarró del brazo fuerte y del pelo, cuando intenté soltarme me agarró la panza, se me pegó al rostro e intentó manosearme", explicó ella en la denuncia que hizo en la comisaría 23, y contó el desenlace: "logro darle un empujón para soltarme y cuando lo hago tambalea".


Todos los lugares comunes posibles del machismo se concentraron en esos pocos minutos en los que la pasó tan mal. Dante, que según la denuncia "estaba muy borracho y se nota que drogado", no atacó a un hombre. "Le voy a decir a mi papá", le dijo ella mientras le exigía que no la moleste, "tu papá está muerto" replicó él, perdido y tambaleante pero con el machismo inquebrantable, erguido en el prejuicio de pensar que una mujer solo se puede defender si tiene un hombre que la cuide.


La denuncia es sólo una de las situaciones que al parecer hizo pasar Dante a otras mujeres esa misma tarde. También abordó a otra y se masturbó frente a una tercera, cuentan. El hombre es conocido en la zona: "siempre anda por la calle tomando y molestando y sé que a veces tiene un cuchillo", figura en el acta.

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