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Traigan kilómetros que "pilas" sobran

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Raúl Valenzuela era un bebé con apenas días en este mundo cuando a su tío Jorge le vino la ocurrencia de verlo parecido a una pila y, a partir de entonces, empezar a llamarlo así: Pila.

Raúl se lo tomó en serio y se ocupó los 33 años que lleva de vida en hacerle honor a ese mote: después de laburar entre 8 y 9 horas por día, resigna algunos momentos más de descanso o de jugar con sus dos nenas de 6 y 4 años o de tomarse unos mates con su compañera con la que llevan casi 7 años casados para ir a entrenar.


Todos los días, Pila saca pilas de donde le quede a su cuerpo y sale a correr con un grupo de atletas para poner a punto el físico y los tiempos de carrera con la idea fija de correr las maratones de 21 y 42 kilómetros que, pandemia mediante, se correrán en Rosario en mayo y junio.


Después de las siete de la tarde, la hora del vermú, de la birrita, de algún quesito cortado en cubos, Pila corre y corre. No hay tiempo para otra cosa porque la carrera es, también, un poco, contra el tiempo. Porque Raúl estuvo casi dos años sin competir y ahora que quiere volver, sabe que la cosa no es moco de pavo.


Atrás habían quedado los más de 20 años corriendo en competencias, las más de 30 maratones donde terminó en el primer puesto general y de categoría, su récord provincial de 1 hora, 11 minutos y 35 segundos los 21 kilómetros en 2012, el reconocimiento como mejor atleta municipal de Funes durante 2011, 2012 y 2013 y los tres años consecutivos en el primer puesto, junto al ciclista David Tossoni, del Duatlón.


Fue en 2019. Una decisión difícil. Pila consiguió un trabajo en una empresa de vigilancia con turnos rotativos de 12 horas por día. Tuvo que elegir. Nunca dejó de entrenar, pero se alejó de las competencias. Y eso, tiene un costo.


“Entrenar por entrenar es para estar bien físicamente, entrenar para competir tiene otro cuidado. La competencia tiene un objetivo personal que abarca el tiempo, te abre puertas a carreras para ir mejorando”, me explica por teléfono mientras, de fondo, suena la banda sonora de un padre de familia: gritos y risas de niñas.


Dos años sin competencia no alcanzaron para sulfatar la Pila. “El ritmo fue aflojando con respecto a la técnica, tengo bastantes años corriendo y el cuerpo tiene memoria, pero los años siguen pasando”, se ataja Raúl. El tiempo, ese villano. Pero no hay tiempo (valga la redundancia) para el drama, Pila saca pecho: “Todavía les puedo hacer competencia a los jóvenes, no me achico”.


Fue en 2020. La pandemia de Covid-19 puso a Raúl en situación de volver a elegir. Dejó el trabajo de la empresa de seguridad y se fue a una fábrica en las afueras de Roldán, sobre la ruta A-012. Menos horas de trabajo, más horas para el entrenamiento. 


Claro que con el mundo en pausa, las competencias siguieron lejos de su radar. Pero Raúl aprovechó para regresar al grupo de entrenamiento con el que corre desde hace más de doce años y esperar como un tipo como Pila sólo puede hacerlo: corriendo.


Es 2021. Las maratones que Pila tanto añora parece que volverán. Pero, mientras tanto, Raúl recalibra su mira y como quien le saca la lengua al paso del tiempo, se pone un nuevo objetivo que es todo un desafío: competir en pista.


“Quiero tener el cuerpo para correr en pista, nunca lo hice, he entrenado, pero nunca competí. Lo mío era la calle, las montañas, las carreras de aventuras, pero este año quiero tomar esa decisión y ver cómo responde el físico”, me confiesa. “El mes que viene estaría empezando a probar”, anticipa consciente de que lo que se viene es desafiante: “Es diferente porque estaría federado y tendría que entrenar todos los días”, cuenta.


Si yo tuviera que venderle esta nota a un productor de cine para que podamos hacer una película, le diría que este capítulo se llama: “Pila vs el tiempo: la batalla final”. Nuestro héroe se enfrenta al temible villano que se sabe invencible, implacable. ¿Comprás?


“Más allá de lo físico, acá el tiempo es fundamental”, me dice Pila. “Sé que es muy distinto respecto a correr en las calles, ahí se mide en minutos pero en la pista cada milésima de segundo cuenta y te hace ser diferente”, explica.


Raúl va a la batalla munido de un plan: “La idea es arrancar con cinco mil metros y si el cuerpo me da, ir bajando a dos mil y mil metros. Tengo que ir practicando la velocidad, que no es que no tenga, pero la que se pide en pista corta exige mucho”, me cuenta.


Pila tiene una ventaja: el tiempo se cree invencible pero él entrena y entrena. “Compitiendo voy a saber qué es lo que tengo que mejorar, quiero ir despacio”, me dice como burlándose con esa ironía de su rival en esta carrera. 

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