“Mucho más lindo que Cariló y que Pinamar”. Con esa frase como disparador, el intendente Roly Santacroce describió el clima que se vive en Funes por estos días: noches templadas, calles llenas, comercios sin rejas, adultos sentados al aire libre y chicos de distintas edades recorriendo la ciudad en bicicleta, en una postal que —según remarcó— remite a una Argentina que parecía perdida.
En su repaso, puso el foco en las condiciones que hacen posible esa escena cotidiana. Habló de un clima amigable, sin el viento ni el frío de otros destinos, pero también de una ciudad que logra sostener movimiento más allá del corredor Yrigoyen como insignia o zona puntual. “No es un sector aislado: es toda la ciudad”, deslizó, marcando una diferencia con los centros turísticos tradicionales.
Ese pulso se refleja con claridad en la actividad gastronómica. Restaurantes y bares atraviesan una de sus mejores temporadas, con mesas ocupadas de forma sostenida y un flujo constante de vecinos y visitantes. El consumo acompaña y, aunque otros rubros comerciales avanzan a un ritmo más lento, el balance general muestra estabilidad y evita los números en rojo que se repiten en otros puntos del país.
Para el intendente, uno de los datos más valiosos no está en las estadísticas sino en la calle. Ver negocios sin rejas, personas mayores en reposeras y chicos moviéndose solos en bicicleta aparece para el mandatario como un indicador social tan fuerte como cualquier cifra económica. Una escena simple, pero cada vez menos frecuente en la Argentina.
Con ese diagnóstico, Santacroce fue más allá del balance local y planteó un deseo a futuro. Sostuvo que este modelo de convivencia, tranquilidad y espacio público activo debería poder replicarse en otras ciudades y, especialmente, en el resto de la provincia de Santa Fe. “Eso es lo verdaderamente importante”, remarcó, al cerrar su reflexión.