Un duro golpe delictivo quebró la rutina y el ánimo de un clásico de la ciudad: El carribar El Maestro, histórico de la Plaza de la Cuña, fue saqueado a plena luz del día durante la tarde del miércoles y dejó al emprendimiento al límite. “No encontramos fuerzas para seguir”, expresaron desde el entorno de la dueña, todavía atravesados por la angustia.
Todo ocurrió poco después de las 15, cuando la lluvia obligó a cerrar el carrito de manera momentánea. Al regresar horas más tarde, la escena fue devastadora: puertas forzadas, todo revuelto y elementos clave que no aparecían. Según los primeros recuentos, los delincuentes se llevaron el dinero recaudado durante el mediodía, los equipos de trabajo y las cámaras de seguridad, además de otros objetos indispensables como garrafas y pavas que el emprendimiento utiliza a diario para funcionar
El dato que más indigna es el contexto. El robo ocurrió en plena tarde, en una zona altamente transitada y rodeada por arterias principales de la ciudad, sin que nadie interviniera. “No podemos creer que haya pasado así, como si nada. Es un lugar donde circula gente todo el tiempo”, lamentaron desde el emprendimiento, todavía conmocionados por un golpe que no solo fue material, sino también anímico.
Tras el hallazgo, la Policía llegó rápidamente al lugar y comenzó a relevar la escena junto a los vecinos. Aunque las cámaras propias del carrito habían sido robadas, aparecieron registros de viviendas cercanas que terminaron de dimensionar el nivel de impunidad con el que actuaron los delincuentes. En esas imágenes, uno de los hechos que más indigna es ver cómo una persona se lleva una garrafa en bicicleta, sin apuro ni vergüenza, en plena tarde y a la vista de todos.
Sin embargo, la secuencia no terminó ahí. Minutos después de esa primera incursión se sumaron dos vehículos utilitarios, uno de ellos una Kangoo, que frenaron en la zona y rapiñaron todo lo que había quedado en el lugar. “Se paraban, miraban y se llevaban cosas como si nada”, relataron, todavía incrédulos desde la gestión de El Maestro.
Para el reconocido carribar, el robo llegó en el peor momento. En medio de un contexto económico complejo, estaba por vencer el permiso para continuar en la Plaza de la Cuña, lo que obligaba a la dueña y a su equipo a evaluar cómo seguir y dónde reubicarse. En ese marco, el golpe terminó de desordenar una situación que ya venía cargada de incertidumbre y tensión.
Además, según los dueños, el carrito no solo funcionaba bien: era un éxito. Con clientela fija, movimiento constante y una comunidad de vecinos y consumidores que lo acompañaba a diario, hoy la reconstrucción cuesta el doble. No solo por lo que falta reponer, sino por el golpe anímico que dejó a quienes lo sostienen preguntándose si todavía tienen fuerzas para volver a empezar.
La historia de El Maestro explica por qué el atraco duele tanto. El carribar no apareció de un día para el otro ni se instaló “de prestado”. Agustina y su familia lo levantaron desde abajo, con años de trabajo fuera del país, haciendo temporadas en Brasil y ahorrando peso por peso hasta poder comprar un carro abandonado y en mal estado. Lo restauraron, lo agrandaron y lo hicieron funcionar a fuerza de sacrificio, hasta convertirlo en un punto de referencia de la plaza, con clientela fiel de toda la ciudad, de barrios cerrados y hasta de jóvenes deportistas que pasaban a comer después de entrenar.
Por estas horas, la denuncia ya fue radicada en la comisaría y desde el entorno del carribar esperan que la investigación avance y que el hecho no quede impune. A la vez, destacaron y agradecieron la rápida intervención del personal policial y, especialmente, la solidaridad de los vecinos, que se acercaron, compartieron imágenes de cámaras y ofrecieron ayuda en medio del golpe. Con ese acompañamiento, quienes sostienen El Maestro intentan recomponerse y volver a ponerse de pie, aun cuando el camino sea cuesta arriba y persista la incertidumbre sobre si podrán seguir trabajando en ese mismo lugar.