Funes

Historia de vida: Sergio, el dueño de la calesita, habló con InfoFunes

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Tiene 69 años y toda su vida fue calesitero. Tiene otra en Rosario, que también debió cerrar. Y tenía un salón de eventos, que tampoco puede trabajar. Hoy debe vender la calesita para poder comer.

A fines de febrero, cuando el coronavirus era un asunto lejano que solo daba tos en otras partes del mundo, en la plaza San José se reunieron centenares de chicos. Ansiosos, esperaban conocer la plaza renovada que permaneció en obras por casi un año. Fue un domingo de verano, hubo espectáculos y nuevas diversiones: entre ellas un Carrousel brillante, también renovado para la ocasión.

Menos de un mes pasó y la vida dió un vuelco inesperado. "Es muy complicado, mis hijos, mis hermano, mis papás, todos vivimos de lo mismo", cuenta Sergio, 59 años, que nació "arriba de una calesita" y toda la vida se dedicó a eso, como su papá, como su abuelo. Son una familia de calesiteros, y pensaban seguir siéndolo.

A cinco meses de esa prometedora reapertura, Sergio tuvo que tomar una decisión: comenzó a desmantelar la calesita que tiene en la plaza San José hace 20 años, -ese flamante que renovó para la ocasión de la reapertura y que sólo pudo usar tres semanas-. “Estuve vendiendo algunos caballos que fabrico por internet, lo que pasa es que ahora tampoco tengo plata para fabricar, así que lo único que me queda es desarmar la calesita y venderlos así”, contó el calesitero.

La decisión de desmantelarla es su manotazo de ahogado. Uno de los tantos que tuvo que dar estos meses: vendió vehículos, gastó ahorros. El y toda su familia viven de las calesitas. Tienen la de Funes y otra en Rosario, tenían un salón de fiestas que tuvieron que cerrar el mes pasado, y una pequeña fábrica de carrouseles en la que seis empleos corren riesgo. Ninguno de sus sustentos puede trabajar desde hace meses.

Ser un rubro chico

“Pensamos que iba a durar uno o dos meses y pensamos que cuando vuelva todo como pasó, no íbamos a tener problema. Es un rubro muy fácil de controlar, de establecer protocolos, y encima es al aire libre”, cuenta el calesitero y remarca que hace meses que intentan pedir soluciones, que no encuentra. “Después de la nota que publicaron me llamaron para que me reúna con el intendente, yo le quiero explicar la situación: Hace 20 años que estoy en la plaza, me han roto todo, me han hecho destrozos. Por lo menos ahora está mejor ubicado, pero me tuvieron un año cerrado por la obra, que obvio no tiene la culpa este intendente, pero duró meses, y yo sé que llega la temporada de verano y en Funes se cae la recaudación porque se quedan todos en la pileta. Mi temporada termina en septiembre, octubre como mucho”.

“Vendí la camioneta, usamos ahorros. Hicimos todo para poder aguantar y ser responsables, pero luego van abriendo restaurante, deportes, algunos entretenimientos, y nosotros nada. Y uno ve que es fácil abrir con protocolo: subir menos cantidad de chicos, desinfectar entre vuelta y vuelta, encima es al aire libre donde se sabe que es más seguro”, contó el hombre con profunda tristeza.

Sergio sabe que la capacidad de lobbie de los pocos calesiteros que quedan es poca. “No existimos como rubro, no tenemos sindicato, somos pocos y es algo tradicional, pareciera que no existimos pero claro que sí, y somos patrimonio cultural a nivel nacional, sin embargo no recibimos ningún tipo de ayuda”.


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