Gustavo Sciuzzato, el funense que unió nadando las Islas Malvinas

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A los 55 años realizó esta hazaña, para la que se viene preparando desde 2015. No utilizó traje de neoprene, sólo antiparras y la malla.
Gustavo es taxista, y desde este mes sí que tendrá un buen tema de conversación con sus pasajeros. Lejos de hablar del clima o de política, podrá asombrar y deleitar a todos con la historia del día en que unió nadando, junto a otros compañeros, las islas Gran Malvina y Soledad.

En un viaje que compartió junto a otros 23 nadadores de NAF (Asociación Nadadores de Aguas Frías), y que organizó Claudio Plit -cuatro veces campeón mundial de aguas abiertas-, Gustavo cumplió la hazaña de unir nadando, en sistema de postas donde participaron siete nadadores, las dos islas.

“El año pasado en Monte Hermoso, me contacté con Claudio cuando dio una charla sobre Malvinas, los soldados que habían sido identificados por ese entonces y contó que también se hacían nados allí, entonces yo me acerqué y le dije que quería hacerlo, que quería nadar en Malvinas”, relata sobre cómo tomó forma su deseo.

Previo a esto, Gustavo ya había tenido experiencias en nadar en aguas frías. Todo comenzó cuando con el instituto Nadando realizaron una experiencia en 2015 en La Rioja. En esa oportunidad utilizaban los trajes de neoprene para tolerar las bajas temperaturas del agua.

“Hace cuatro años fuimos a cruzar la Laguna de Corona del Inca con Gonzalo Spagnuolo, Emilia Giantenaso y Santiago Sánchez. Cuando bajábamos, les dije si no sería más fácil nadar sin neoprene. Entonces, Emilia me contó que había gente que lo hacía en el Perito Moreno durante 25 minutos. Yo sostenía que era imposible, pero sí, era cierto. Ese fue el disparador para que comencemos a entrenar en aguas frías, de hasta 1 grado, como las del Canal de los Témpanos en Calafate”.

El día del cruce

“Los siete nadadores que realizamos el sistema de postas fuimos en el velero Ipake, salimos del puerto de San Carlos a las 8 con el objetivo de cruzar el estrecho de San Carlos, navegamos durante una hora y media hasta llegar al lugar del cruce. Además del velero, teníamos un gomón más chico donde iba Claudio y nos asistía durante el nado”, relató.

A las 10 comenzó el cruce que duró alrededor de una hora y media, el grupo estaba conformado por cinco hombres y dos mujeres. Por esas horas del lunes 15 de abril, el agua que rodea las islas tenía 8º. La distancia que tuvieron que completar fueron aproximadamente unos 5 kilómetros. “El primero y la última nadadora tuvieron una distancia de nado mayor a los otros, como fue mi caso, que lo hice durante 15 minutos”, contó.
En cuanto a los recaudos que tuvo que tener para completar su propósito, Gustavo recalca que lo importante fue lograr aclimatarse. “Para hacerlo, hace cuatro años que nado en aguas del Paraná en invierno, en lagunas de montaña, Calafate y Ushuaia. Además entrenando en la pileta de Nadando Funes”, dijo.

A la carga emocional que cumplir cualquier desafío representa, a Gustavo se le sumó el hecho del lugar donde iba a nadar a tan bajas temperaturas. Nada más ni nada menos que las Islas Malvinas, un nombre propio que remite a una época y a una historia que aún duele.

Nuestro viaje a Malvinas fue muy especial porque coincidió con la presencia de los veteranos de guerra de Corrientes, con ellos compartimos la visita al cementerio de Darwin, que fue muy emotivo. También hicimos un nado anterior al cruce, en Darwin, cerca del cementerio y luego del cruce hicimos otro nado en Puerto Stanley, lo que para nosotros es Puerto Argentino, y los veteranos asistieron a ese nado, fue un honor y algo muy emocionante que estuvieran ahí”, rememoró el nadador.

Pero también, dentro de la alegría y la emotividad vivida, tuvo lugar el desconcierto de sentirse extraño en su propia tierra y el seguir formulando preguntas que no tienen respuestas: “Tener que presentar el pasaporte en tu mismo país duele, remueve y trae muchos recuerdos de los chicos que murieron”, aseveró.

Y si bien ya está pensando en qué nueva hazaña realizar, por ahora se permite disfrutar su logro, en donde conjugó su pasión por el nado y su añoranza por conocer las Islas. “El objetivo era enorme, toda mi vida tuve el deseo de conocer Malvinas, llegar a nadar ahí fue lo máximo”, remarcó.


 
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