Funes
Por Vanesa Fresno

Gráficos a mano y con guía comercial: así fue la primera revista de Funes

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A Ricardo González se le ocurrió la idea hace 34 años y fue un éxito. Hoy recuerda aquella experiencia en una ciudad que tanto no cambió.

Ricardo González es porteño de nacimiento, rosarino por adopción y funense por temporadas. En 1985 fundó la primera revista de Funes, “Relaciones, una revista para descansantes”. Fue la primera publicación local donde, bimestralmente, se concentraban todos los datos útiles que vecinos y visitantes precisaban en un pueblo que 34 años atrás contaba con 8 mil locales y que en verano ya reproducía el fenómeno actual: en verano se multiplicaban.


“Le puse así porque no iba dirigida a los que vivían en el pueblo, ellos todos sabían dónde conseguir las cosas. Los descansantes son los que venían como en paracaídas y que necesitaban esa información”, cuenta hoy décadas después y con los tres primeros ejemplares en la mano. Él lo supo cuando comenzó a visitar la ciudad mientras construía su casa en la zona del Liceo.


Ricardo trabajaba en arquitectura y un cliente le ofreció un terreno en forma de pago, en Elorza y Bustos. “No había nada en ese momento, sólo pasaba el Villa Diego por Elorza en una manzana vacía que no estaba siquiera demarcada”, explica cómo vio de cerca el proceso de expansión local y cuenta: “A partir de ahí empecé a entusiasmarme con Funes”.


Ricardo detectó que en Funes había dos tipos de personas: el nacido y criado, que conocía su mapa y que se referenciaba instintivamente. “En la esquina de fulano”, “a la vuelta de mengano”, “cerca de Juan” o “yendo para lo de Pepe”, y el que ante indicaciones así necesitaba más o simplemente no llegaba a destino. En un mundo no tan lejano pero muy distinto al actual, sin GPS a mano, fue como surgió la primera guía de Funes, una ayuda en términos de servicios pero con un espíritu que buscaba poner en valor todo lo que la ciudad ofrecía, lo intangible también.


La publicación tenía publicidades de supermercados, campings, mapas dibujados a mano con los recorridos del Villa Diego, dirección y horarios de atención de las únicas tres farmacias de por entonces, mapeo de lugares donde estaban ubicados los teléfonos públicos y dónde se podían conseguir cospeles.También tenía notas escritas por el mismo Ricardo donde se ponía en valor la idea que la misma revista transmitía: “La idea era relacionarnos con la ciudad. Dar un servicio y rescatar esa idea funense de la vida en naturaleza y las relaciones que generaban”, cuenta.

En uno de sus artículos se lee:


“Reencuentro con la naturaleza: El trabajo en las fábricas y oficinas, los transportes, y las viviendas en edificios, entre el laberinto del asfalto y el cemento de la ciudad contribuyen a crear un stress generalizado en muchas personas, cuyo antídoto más efectivo parece ser el reencuentro con la naturaleza.


Admiración, respeto y conocimiento por los ecosistemas de nuestra zona para que continúe menos contaminada puede ser el origen de una integración satisfactoria a este tipo de vida en libertad, lejos de las aglomeraciones urbanas, de las preocupaciones cotidianas de nuestra sociedad tal vez desarrollada que, sin embargo, necesita desesperadamente reencontrarse con sus orígenes”.


Así fue como González comenzó con una idea que pensó que no iba a ser redituable, pero sí muy interesante. Pasaba recorriendo todos los negocios que encontraba a bordo de su Citroen y convenciendo de a poco a los comerciantes de la zona. En Buenos Aires ese tipo de publicaciones era algo común, pero él buscaba algo más y supo darle una vuelta a la revista que Funes necesitaba.


El salto lo pegó gracias a la confianza que le tuvieron dos periodistas locales. “Un día conocí a Raúl Granados que cuando vio lo que estaba haciendo se pasó todo el programa “El Clan” con Oscar Cánepa mostrando en su programa la revista, me hizo tanta publicidad que no la podía creer. Esa tarde paré en la vieja Shell de la ruta y cuando le conté lo que hacía para intentar venderles publicidad me dijeron “ya la conozco, anotame que quiero estar”.


Hojear la primera revista de Funes es zambullirse un poco en su historia. Descubrir quiénes fueron los primeros que convirtieron a la ciudad en un municipio que se caracteriza por su oferta en servicios, caer en la cuenta de que son muchos de los locales que crecieron a la par del crecimiento de Funes.


Además, es darse cuenta de que tanto no cambió. En 1985, la ciudad participó de un congreso de pueblos de la provincia. En su resumen, publicado en el segundo número de Relaciones, se expuso sobre Funes y Su Futuro: “Por sus cualidades climatológicas, su altura, la prohibición de implantar grandes industrias es que fue recibiendo en especial en la últimas décadas, gran afluencia de vecinos de Rosario, los que compraron sus terrenos para tener sus viviendas de fines de semana. En Funes se calcula que viven 8 mil personas, población que casi se incrementa a 35 mil en temporada estival. Siendo la localidad de la provincia que en proporción a sus viviendas posee la mayor cantidad de natatorios.



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