Funense llegó a Dinamarca el día que el coronavirus fue declarado pandemia

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Se llama Nina y está en el país nórdico junto a tres amigos desde el 11 de marzo. Su historia y sus vivencias, a miles de kilómetros de casa.

“Somos cuatro amigos. Con sueños en común, proyectos en equipo. El 11 de marzo nos subimos al avión con destino a Copenhague, capital de Dinamarca. La noticia llegó hasta los diez mil metros de altura por donde volaba el avión y nos golpeó la cara a nosotros cuatro y a un par más de Argentinos que volábamos con las mismas intenciones. El 11 de marzo declaraban al Covid-19, pandemia”.

Así empieza la crónica que la propia Nina envió, desde el “exilio”, a InfoFunes.

En su texto, la joven funense cuenta que su plan era llegar a Copenhague y el día 13 de marzo (viernes) gestionar una visa de trabajo, instrumento que les permite estar en suelo danés por un año, trabajando. 

“Para el 20 de marzo nos íbamos de Copenhague con destino a Bornholm (una isla) donde nos esperaba un voluntariado de un mes, el tiempo necesario hasta que nos salgan los papeles. Al llegar a Londres, donde teníamos escala, todos estos planes se hicieron pedazos, el turno para la visa nos lo habían cancelado, y la familia que nos esperaba en la isla, nos pedía encarecidamente que nos regresemos a nuestro país porque en Dinamarca todo se había salido de control, y que además no podían brindarnos los servicios que previamente habíamos acordado”, contó Nina. 

Y acá comienza la verdadera historia... 

“Nosotros cuatro mirándonos a la cara. Cuatro personas con la mochila llenas de proyectos, de planes, de emociones, de entusiasmo, de expectativas. No entendíamos que carajo había pasado, si entre tantas despedidas, tanta cerveza nos habíamos perdido de información importante, nunca tomamos dimensión de lo que estaba ocurriendo a nivel mundial. 

Todos nuestros planes quedaron frenados, nos los guardamos en los bolsillos. Dinamarca está en cuarentena, ya que tienen más de mil casos, y no sólo en cuarentena sino que también cerró  sus fronteras, y no salen vuelos para ningún sitio. Así que contra todo pronóstico el destino quiere que nos quedemos acá, le hicimos caso, acá estamos aún. 

Mediante una aplicación conocimos una señora, que nos ofrecía la casa de su madre en un pueblo, para hacer la cuarentena de forma segura. Desconfiamos. Porque  ya nos habíamos acostumbrado a las malas noticias. Porque estábamos esperando que algo volviera a salir mal. Al correr dos días nos dimos cuenta que estábamos en riesgo realmente alojándonos en un hostel, y aún que estábamos tomando todas las precauciones, no sabíamos si los demás estaban haciéndolo con el mismo rigor que nosotras. Para esta altura el grupo ya se había divido, los chicos aún tenían en pie su voluntariado, decidimos que ellos sigan con el plan inicial (o lo que quedaba de él). 

Así que así estábamos en el hostel Mica y yo (Nina). Volvimos a contactar a la señora, pensamos que quizás era la oportunidad y la estábamos desperdiciando. Y así era.  Al día siguiente viajamos cuatro horas en tren, yo no quería alarmar a mis padres así que le envié a una amiga cada punto y estación por la que pasábamos, fotos de todos los lugares para que aún que sea alguien tenga información de donde estábamos. Llegamos, nos subimos al auto de la señora, le pregunto su nombre y me dice, Nina. 

En 24 años nunca me crucé con nadie que tenga mi mismo nombre, y acá estaba la señora. En un pueblo con mil habitantes, una Nina en el medio de Dinamarca dispuesta a ayudarnos. 

Nina nos dio una casa que tiene vacía, nos alojó gratis, a cambio de nada, solo ayuda sin interés. Que intrincado es el destino a veces. 

Si alguien me hubiera dicho que cada uno de estos sucesos iban a ocurrir, no le creía. Si alguien me hubiera dicho, no viajes es peligroso, no lo hubiera escuchado, porque uno cree que tiene todo resuelto, que es inmune, que nada puede pasarle. Así somos cabezas duras. Ahora en la casita en el patio de Nina, cuando leo noticias de gente que no está cumpliendo con la cuarentena, o se juntan a tomar mates, o salen a correr, les digo... quédate en tu casa, 15 días, 20 días, un mes o dos, lo que sea que haga falta. Nuestro personal de salud está dándolo todo, pero existen restricciones y es la infraestructura que Argentina no tiene. No alcanzan los respiradores, ni los barbijos, ni las camillas, ni los médicos. Quédate en tu casa, no seas cabeza dura. Cuídate y cuida a los demás. 

Todas las personas pausamos nuestra vida, todas las personas renunciamos a algo, un viaje, una escapada, mudarse, cambiar de trabajo, arrancar una nueva carrera o festejar un cumpleaños, pero esto lo excede todo, excede a cada uno de nosotros. Aún tenemos la oportunidad de poner nuestro granito de arena, aún tenemos la oportunidad de cambiarlo todo. Quédate en tu casa. Yo me quedo en la de Nina.

Hacé como Nina, que estando tan lejos de casa sabe qué hacer. Quedate en tu casa.

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