Funes
Por Vanesa Fresno

#DíaDelPadre De tal palo: Padres e hijos unidos por la profesión

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El próximo 16 de junio se celebra el Día del Padre. InfoFunes quiso homenajearlos de la mano de tres historias que reflejan pasiones y lazos que trascienden generaciones.

Los Bufarini

Una familia acostumbrada a transpirar la camiseta


El interés por el deporte y la docencia surgió en sus primeros años de escuela secundaria, donde todavía el deporte no estaba tan instalado en la sociedad. Actualmente Héctor Vicente Bufarini de 60 años, lleva 40 años de carrera y toda su experiencia, su pasión y devoción por su profesión se la transmitió a sus hijos.


Giuliano Bufarini, de 22 años, se recibió el año pasado de profesor de Educación Física siguiendo los pasos de su padre. Actualmente se encuentra trabajando en un jardín de infantes funense, y como preparador físico en un club rosarino, además de realizar algunos reemplazos en colegios tanto en Funes como alrededores.


Hector se recibió como profesor de educación física en el año 1981 y desde ese momento trabaja en Funes en la Escuela Nazaret y María Auxiliadora, también en alrededores como el Colegio Paul Harris de Roldán y en Capitán Bermúdez dicta clases en secundaria y primaria en el Colegio San Carlos Borromeo.


“Soy un enamorado de mi profesión, es una pasión que tengo desde chico. También la he vivenciado mucho ya que tengo muchos años de carrera, me siento muy satisfecho de haber hecho lo que hice, ya que no sólo me he dedicado a dictar clases, sino que hemos realizado muchos proyectos como las salidas con los alumnos al Champaquí o al Uritorco. Hasta hoy tenemos un proyecto de natación con la Escuela María Auxiliadora. Mi pasión es esa vivencia y yo creo que es hora de dar paso a las nuevas generaciones”, contó Héctor.


“En casa somos todos docentes, y viví de chico viendo eso, de cierta manera incorporando esa pasión por la docencia que siempre me gustó, de más adolescente comencé a practicar deportes que me llamaban mucho la atención, como fútbol, tenis, y actualmente estoy haciendo rugby, siempre tuve pasión por los deportes. Lo que me gustaría imitar de mi papá es la dedicación que le pone a la profesión, planificar viajes, planificar clases, hacer proyectos nuevos. Creo que eso es muy admirable de él que siempre tiene esa creatividad, y se anima a todo”, destacó Giuliano sobre su pasión y la admiración a su padre.


Padre e hijo apasionados por su trabajo, lo dan todo en clase y en cada proyecto. Héctor logró transmitir a sus dos hijos esa devoción por la docencia ya que su segunda hija, de 17 años, al terminar la secundaria también estudiará el Profesorado en Educación Física.


“Mis objetivos a futuro son poder estabilizarme en alguna escuela, ya que es difícil cuando apenas se arranca, poder tener mi propio proyecto para realizar viajes con las escuelas, impulsar nuevas cosas, e innovar. Poder lograr cambiar el chip de la educación física, que se tome más enserio con las mismas responsabilidades que cualquier materia”, contó Giuliano sobre sus objetivos a futuro.


Los Danieles

Un padre y sus dos hijos que juntos son una masa


“Es porque quiso Dios”. Así es como definen su profesión, los Danieles, quienes están al mando de la famosa panadería La Suiza. Raúl Omar Danieles, junto a su esposa Susana en el año 1988 inauguraron su primer local de la panadería ubicado en calle Santa Fe y Pellegrini, allí comenzaron y gracias a al crecimiento del negocio debieron agrandar su local. En el año 1994 se asentaron en calle Cochet al 1800 donde sigue actualmente.


Hoy Raúl junto a sus dos hijos Pablo Omar y Raúl Eduardo, llevan la panadería adelante pese a cualquier inconveniente y circunstancia. Pablo además de formar parte del negocio familiar se encuentra estudiando ingeniería mecánica, y Raúl se especializa en repostería y chocolatería, además de formar parte de la administración de La Suiza.


“La verdad que de chico siempre nos transmitieron la idea de ayudar a la familia, el negocio para mis papás era y es su vida, siempre estábamos presentes en forma de ayuda, hasta que llegó un momento que dejamos de ser de ayuda y pasamos a trabajar. Seguimos adelante a pesar de los momentos de crisis, seguimos juntos como familia y eso fue lo que nos llevó a donde estamos”, contó Pablo la experiencia que tuvo desde chico dentro de la panadería.


Y su padre quiso agregar: “Si yo no hubiera tenido el apoyo de ellos dos, La Suiza no sería lo que es, yo sólo hubiera buscando el negocio chico, pero gracias a Dios tenemos mucho trabajo. Lo más importante de todo también que agradezco es el cariño de la gente de Funes que siempre nos respaldaron. Si estamos en esto y somos panaderos es porque quiso Dios, no lo elegimos nosotros”.


“Nuestros padres siempre nos dieron la oportunidad de elegir y hacer otra cosa, pero más allá de hacer otras cosas, elegimos seguir el negocio familiar. De chico siempre está la anécdota de que fui criado adentro de la panadería por todos, después tengo muchos recuerdos de jugar en el local con mi hermano, con las bolsas de harina, nos fuimos metiendo en la panadería jugando. También recuerdo verla a mi vieja trabajando con el tema de la repostería, que es a lo que yo más me dedico. No puedo decir que me lo enseñó directamente pero indirectamente lo fui aprendiendo y al momento que ella no estuvo más tuve que comenzar a hacerlo yo. Podría decir un poco a los tropiezos y aprendí equivocandome, pero después con el tiempo fui a especializarme en pastelería y también en chocolatería. Aprendí todo de mi papá, de mi mamá y de los empleados que había cuando era chico”, destacó sobre sus recuerdos Raúl Eduardo.


Son una familia con un lazo muy fuerte formado por su profesión, por su trabajo, que llevan las riendas de un negocio tradicional de Funes, son conocidos y queridos por todos los funenses, siempre se encuentran a disposición del cliente y de ayudar al prójimo. Todos afirman que el negocio sigue en pie por la fuerza de la familia y que sin uno o el otro La Suiza no sería La Suiza.


Familia Ippoliti

Aprendió el oficio de su padre y lo lleva tatuado en la piel


Son dos profesionales unidos por una misma pasión: padre e hija que dedican sus vidas a lo que les gusta y disfrutan hacer, cada uno a su modo y con su estilo, pero siempre admirando el trabajo del otro. Gabriel Ippoliti y Gisel Ippoliti, son ilustradores y artistas plásticos, actualmente cada uno posee trabajos distintos, pero todos sus trabajos son relaciones con la ilustración y el dibujo.


Todo comenzó por Gabriel. Su vocación siempre fue dibujar. Pasaba sus días dibujando y tratando de perfeccionarse, cada vez un poco más, de buscar nuevas técnicas, aprenderlas y aplicarlas. Al terminar la secundaria no sabía qué camino elegir para trabajar de eso que le gustaba y comenzó carreras como Ingeniería que en realidad no resultaron para él.


Fue así como renunció a los estudios alternativos y comenzó a buscar trabajo en agencias de publicidad, allí fue donde comenzó a relacionar su pasión con su trabajo. Luego de eso continuó con otros trabajos como dibujar caricaturas políticas para el diario La Capital, y numerosos lugares más donde se puede aplicar el dibujo como historietas o ilustraciones específicas que les eran encargadas para diferentes fines.


En este ambiente artístico y del dibujo fue donde se crió Gisel desde muy pequeña, viendo trabajar a su padre, viéndolo dibujar, situación que le llamaba mucho la atención y comenzó a querer imitarlo, de allí surgieron sus primeros dibujos a muy temprana edad, entre los dos y los tres años.


“Todo el tiempo lo veía trabajar en mi casa, estaba siempre dibujando , lógicamente me re llamaba la atención, y hasta le he arruinado trabajos por dibujar yo arriba cuando era chiquita, son anécdotas que van quedando. De chiquita tenía mis libros y ahí fue cuando empecé a dibujar y a pintar, lo hacía porque lo veía a mi papá hacerlo y quería hacerlo yo también. Me acuerdo la primera vez que me dijo que un dibujo estaba bueno yo creo que tenía tres años, había dibujado a un perro y me sentía orgullosa porque yo también me creía dibujante como él”, contó Gisel rememorando con alegría los momentos de su infancia junto a su padre.


Gisel continuó dibujando y perfeccionándose con los años. Al terminar la secundaría, al igual que su padre, no encontraba una carrera universitaria que le diera el placer de hacer lo a que a ella le gustaba. Es así que comenzó a interesarse en el arte del tatuaje: actualmente lleva 11 años tatuando particularmente en su casa y además se dedica a realizar ilustraciones para tapas de discos de bandas de rock.


“Siempre me gustó dibujar, pero tenía el mismo problema que mi papá no sabía de qué trabajar, estaba media perdida. En esa época apenas salí de la secundaria había empezado a escuchar rock y empecé a ver que estaban todos tatuados en ese ambiente y me encantaban los tatuajes, ahí decidí ir a tatuarme yo y ver cómo era la cosa. Ahí lo vi relacionado con el dibujo y quise aprender como se hacía, en ese momento no lo plantee como un trabajo, después con el tiempo se dió. 


En su momento cuando quise aprender fue muy complicado porque nadie te enseñaba, no es como ahora, yo quería hacer algo que muy poca gente quería enseñar, fue muy difícil. Iba a los locales a hablar con los tatuadores, me metía en cualquier lugar a intentar que alguien me enseñara algo, siempre sacaba algo de información. Así con el tiempo fui aprendiendo y perfeccionándome y ahora tengo más trabajo de eso que de ilustración”, contó la tatuadora.


Dejando de lado el estilo, los códigos y la forma personal que cada uno tiene para dibujar, ser ilustradores profesionales los mantiene unidos como familia, Gisel admira a su padre como dibujante y se siente orgullosa de él por el gran trabajo que realiza, mientra que Gabriel también se enorgullece de ella por animarse a explorar el dibujo por otros medios que no sean papel y lápiz. Comparten una pasión que llevarán consigo toda la vida.


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