Un experimento bajo el sol hecho a minutos de Funes demostró cómo la sombra de los árboles reduce el calor
El naturalista César Massi comparó la temperatura entre el cemento y árboles, en Bigand. La diferencia superó los 20 grados de sensación térmica.
El naturalista y especialista en plantas nativas, César Massi, difundió una impactante comparación térmica que pone de manifiesto la importancia vital del arbolado en las ciudades. En una serie de mediciones realizadas en la localidad de Bigand, el experto mostró cómo la presencia de vegetación no solo embellece el paisaje, sino que actúa como un refrigerante natural capaz de transformar entornos hostiles en espacios habitables durante las jornadas de calor extremo.
Utilizando un termómetro de precisión, Massi registró temperaturas que superaron los 50°C sobre superficies expuestas directamente al sol, como el asfalto y las veredas de cemento. Sin embargo, al trasladar la medición a escasos metros, bajo la protección de la sombra de un árbol, el marcador descendió por debajo de los 30°C. Esta brecha térmica evidencia que la infraestructura verde es la herramienta más eficiente para combatir las islas de calor urbanas.
La fuente de esta información, compartida por el naturalista a través de sus redes sociales (@CesarMassi en X), destaca que la falta de árboles en los diseños urbanos modernos condena a los vecinos a soportar temperaturas asfixiantes. Según el especialista, no se trata solo de una cuestión estética, sino de salud pública y adaptación climática, ya que un árbol de buen porte puede equivaler a varios equipos de aire acondicionado funcionando en simultáneo.
Para ciudades como Funes, donde el crecimiento urbano ha transformado el paisaje en la última década, este tipo de registros funcionan como una advertencia y un llamado a la acción. La preservación de las especies nativas y la planificación de nuevas áreas sombreadas se vuelven fundamentales para mantener la calidad de vida que caracteriza a la ciudad y mitigar el impacto del cemento en los nuevos loteos.
El cierre natural de este debate invita a repensar el valor del árbol frente a cada propiedad. Entender que una vereda con sombra es, en definitiva, una vereda más fresca y saludable, es el primer paso para proteger el patrimonio forestal que define la identidad de la región.
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