Funes y la tendencia de los jardines diseñados: las dos socias que trabajan para que el verde sea protagonista
Paula Castro y Nora Paduán se encontraron buscando formación personal. Terminaron armando una dupla que cruza arquitectura, paisajismo y oficio.
En Funes se habla mucho de metros cuadrados. De los nuevos barrios, de los desarrollos que se estiran hacia donde antes había campo, de la casa que se amplía, del quincho que aparece, de la pileta que se planifica para el verano. Pero hay algo que suele quedar para después, para “cuando terminemos lo importante”, y que, sin embargo, define buena parte de cómo se vive un hogar, es el jardín.
Esa idea, tan simple como cotidiana, fue la que terminó acercando a Paula Castro y Nora Paduán, dos vecinas de Funes que, desde trayectorias distintas, llegaron al mismo punto, pensar el verde como parte del diseño de una casa, no como el relleno que sobra entre la vereda y la galería.
Castro es arquitecta y trabaja hace años en interiores. Su vínculo con la jardinería empezó, como le pasa a muchos que se mudan a Funes, cuando el patio dejó de ser un “espacio exterior” y pasó a ser un proyecto. “Me empezó a atrapar el tema de la jardinería y me metí a aprender”, relató Paula, en diálogo con InfoFunes. Pero en ese camino encontró un problema que no es menor en una ciudad en expansión: había pocas opciones presenciales para formarse. Mucho taller online, alguna alternativa en Rosario, pero no demasiado para quienes buscaban aprender con las manos en la tierra.
En uno de esos cursos apareció su socia, Nora, técnica en parquización, con años de trabajo en viveros y experiencia no sólo en el diseño, sino también en la ejecución y el mantenimiento de jardines, un punto que ellas remarcan como diferencial. "Muchas veces el paisajismo se queda en la idea y en el plano, pero no acompaña lo que sucede después, cuando hay que sostenerlo", aseguró.

Con el tiempo, esa afinidad se volvió una dupla de trabajo que empezó a moverse en un terreno donde Funes y su zona suelen marcar tendencia: los barrios cerrados. Allí realizaron varios trabajos, entre diseños y ejecuciones, en jardines de casas ya consolidadas y también en obras nuevas, donde el desafío suele ser doble, empezar desde cero y lograr un resultado que se vea bien rápido, pero que a la vez no se convierta en una demanda constante de mantenimiento.
Ahí aparece una palabra que, para ellas, ordena todo: diseño. No como sinónimo de lujo, sino como método. "Pensar sectores, recorridos, puntos focales, visuales; decidir qué se ve desde adentro, qué se tapa, qué se destaca; entender el asoleamiento y el agua; elegir especies no sólo por la flor de una foto, sino por lo que van a pedir en invierno, en verano y dos años después", graficó Castro.
“Un jardín bien diseñado requiere mucho menos mantenimiento y se disfruta más todo el año”, sintetizó.
Esa mirada dialoga de lleno con el momento que atraviesa Funes. En una ciudad donde la vivienda se multiplica y el mercado empuja a construir rápido, el jardín suele quedar relegado a decisiones de último momento: algo de césped, un cerco, dos plantas “para que se vea verde”. Y después, la escena conocida: canteros que no prosperan, especies mal ubicadas, riego improvisado, y la sensación de que el patio “no funciona”. "El verde no es un agregado; es parte del proyecto. Y si se lo piensa así, con criterios claros y técnicas accesibles, se puede lograr un espacio vistoso, pero también sostenible en el tiempo, que no dependa de estar encima todos los días", manifestaron.
Siguiendo ese afan, Paula comentó que a partir marzo impulsarán en la ciudad un taller anual de jardinería con encuentros mensuales hasta noviembre, combinando teoría y práctica. "La propuesta trabaja desde bases de diseño del espacio, asoleamiento, canteros, visuales, puntos focales, colorimetría y textura, hasta manejo anual del jardín: herbáceas, gramíneas, arbustos y árboles estructurales, siembra, riego, poda y prevención de enfermedades", finalizó.
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