Cuando el uso de barbijo se transforma en una barrera para la comunicación

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Sandra, hipoacúsica y su esposo Carlos, sordo profundo vinieron a vivir en diciembre a Funes, dos meses después comenzó un nuevo desafío: el uso de barbijo que impide hacer una lectura labial.

Sandra Amorelli y su esposo Carlos Vega, decidieron mudarse a Funes a fines del año pasado para estar más cerca de su familia. Ella es hipoacusica, profesora de educación especial de niños sordos e hipoacusicos. Y él es sordo profundo, hablante de lengua de señas.

En marzo comenzó una nueva realidad que ya lleva más de 200 días: el uso del barbijo como una medida indiscutida de prevención contra el Covid19, lo que para muchos supuso un accesorio más, para las personas sordas e hipoacúsicas se presentó como una nueva forma de exclusión.

Para nosotros el uso del barbijo es un desafío, no hay accesibilidad al otro con el uso del tapa boca. Por suerte en Funes prima la solidaridad. Estamos encantados de habernos mudado acá. Cuando avisamos que no entendíamos porque somos sordos y que yo hago lectura labial, los funenses se bajan el barbijo y toman más distancia” cuenta Sandra.

El matrimonio, que lleva 16 años juntos, estudió la tecnicatura universitaria en Lengua de Señas en la Universidad de Paraná, Entre Ríos y a fin de año se recibirán de instructores de lengua de señas.

“Yo soy defensora de la educación de las personas sordas, queremos que la persona sorda pueda tener acceso a la educación pública y ese acceso lo necesita con un intérprete en lengua de señas”.

En ese sentido, Sandra, armó un proyecto en Rosario, en un EEMPA, para que los jóvenes y adultos Sordos pudieron terminar la escuela secundaria. 

Se incorporó en cada materia un intérprete en lengua de señas. Desde año 2005 hasta el año pasado estuvo funcionando el proyecto y han terminado y han recibido el título muchas personas sordas” comenta.

Su esposo Carlos es sordo profundo, hablante de lengua de señas. Él junto con la comunidad sorda defiende que la persona que enseña lengua de señas, debe ser persona sorda y no persona oyente, un pedido que se ha realizado en varias oportunidades.

Sobre si le gustaría presentar el proyecto en Funes, Sandra reflexiona que prefiere que se centre todo en mismo EEMPA y que sea en el centro de Rosario “por el acceso a todos los ómnibus”. Pero adelanta que tiene en marcha un proyecto para presentar pronto en el Concejo de Funes.

“En diciembre consulté por las personas sordas o hipoacúsicas que vivían Funes para armar un grupo. Un dato interesante que algunas personas no saben, es que las personas sordas o hipoacúsicas nos casamos entre nosotros porque compartimos con la misma cultura e identidad”

Cuando una medida de prevención se convirtió en sinónimo de exclusión para muchas personas en diferentes ciudades, una vez más, la población de Funes supo mostrar su faceta solidaria y su buena predisposición.


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