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Por Vanesa Fresno

Comadrejas en Funes: recomiendan no adoptarlas como mascotas

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El marsupial es ya casi parte de la fauna de la ciudad. Cumple un rol clave en el ecosistema pero especialistas desaconsejan la tenencia en los hogares.

Las comadrejas llegaron para quedarse en la ciudad y ya son casi parte de la fauna funense. Tal es así que muchas familias las adoptaron como mascotas, una práctica que especialistas desaconsejan ya que el animal –si bien es inofensivo y muy útil al ecosistema- puede ser “hospedadores” de ciertas enfermedades.

En Argentina, existen dos especies distintas: la comadreja de orejas negras (Didelphis aurita) y la comadreja overa o común (Didelphis albiventris). Se encuentran dentro de la familia de los marsupiales, son uno de los mamíferos terrestres más antiguos del mundo, y sólo se encuentran en América y Oceanía.

De las dos, la comadreja overa, tiene una distribución geográfica mucho más amplia, se la encuentra desde la Pampa hasta el norte argentino con excepción del cordón cordillerano de los Andes.

Evelina Tarragona, es médica veterinaria, actualmente es becaria postdoctoral del CONICET y trabaja en el INTA de Rafaela, realizando estudios con comadrejas y otros micro y meso mamíferos de interés como hospedadores de vectores.

“La comadreja overa es el mayor marsupial y más abundante en territorio argentino. Es un animal omnívoro, siendo los principales componentes de su dieta roedores, insectos, moluscos y vegetales -sobre todo frutos-. Es solitaria, de hábitos crepusculares y nocturnos, pasando la mayor parte del tiempo en árboles, donde construyen nidos”, detalla la especialista.

Viven en áreas rurales, suburbanas, e incluso urbanas, lo que determina un sustancial contacto con el hombre y sus animales domésticos. Esto es lo que hace que resulte común o conocida para la mayoría de las personas.

En condiciones naturales, una comadreja vive entre un año y un año y medio. “La estación reproductiva comienza en agosto y continúa hasta mediados de marzo, evidenciándose dos períodos de nacimientos, el primero en principios de septiembre y el segundo en diciembre. La gestación dura menos de 15 días”, contó Tarragona, consultada sobre la mayor presencia de éstos animales en verano.

Un dato curioso, según relata, es que el número de nacidos por lo general es mucho mayor al número de mamas -tienen trece mamas-, y el excedente de crías, no sobrevive.

Muchas de las personas a las que no les caen en gracia, suelen compararlas con roedores de gran tamaño, sobre esto la médica veterinaria argumenta que “lo único que tienen en común es que son mamíferos y que constituyen los elementos más numerosos de las comunidades naturales de mamíferos”.

En Funes, algunas personas optaron por adoptarlas como mascotas, sin tener ningún inconveniente. Consultada sobre el asunto, la investigadora fue contundente: “La comadreja es una especie silvestre, como lo es un zorro, un oso hormiguero o un yaguareté y no debe criarse como un animal doméstico”.

Asimismo, profundizó al respecto: “Es necesario que la gente entienda que el mascotismo (extraer una especie silvestre de su hábitat natural para tenerlos en su domicilio) es una de las principales amenazas que sufre la fauna local. El hombre tendría que observar la biodiversidad de nuestro planeta como un habitante más y por sobre todas las cosas respetarla”.

En cuanto a las posibilidades de que puedan trasmitir algún tipo de enfermedad, la especialista contradijo la teoría de quienes defienden la convivencia con las comadrejas. “Estos animales frecuentemente habitan ambientes urbanos y periurbanos y pueden actuar como reservorios de diferentes patógenos responsables de zoonosis (enfermedades que se transmiten de los animales a las personas)”.

“Si bien no van a atacar a una persona o a sus animales de compañía como perros o gatos, salvo que se sientan amenazados, es importante concientizar a la gente que las comadrejas pueden actuar como hospedadores, amplificadores, o reservorios en el ciclo de ciertas enfermedades. No por eso hay que salir a matarlas, todo lo contrario, las comadrejas cumplen un nicho ecológico como cualquier otra especie silvestre”.

Consultada sobre la mayor presencia de ellas en la zona urbana, la investigadora del CONICET puso el foco en el rol del hombre dentro del ecosistema, modificando áreas naturales y alterando los órdenes naturales.

“La comadreja overa es una especie que se adaptó y aprovechó ese crecimiento desmedido. Pero lamentablemente hay otras especies muy dependientes del ambiente, como es el caso de las especies en peligro, que por culpa del uso desmedido que le hemos dado a los recursos naturales, han perdido su hábitat y por lo tanto hoy se encuentran en riesgo de desaparecer. Nuestro caso más cercano es el Yaguareté”.

Finalmente, Tarragona reflexionó sobre el rol del Estado en los asuntos de la biodiversidad y su cuidado y respeto. “Éste debería ser un tema importante a tratar en las políticas de Estado, pero sobre todo un tema indispensable en el currículo escolar. ¿Cómo vamos a conservar la biodiversidad de nuestro país si la desconocemos? ¿Cuantos chicos en Santa Fe conocen un elefante pero desconocen un aguara-guazú?”, señaló.