Martes, 27 de Febrero 2024
Domingo, 30 de Mayo del 2021

Ana Martelli: oficialista de profesión

Fue candidata de Tomei y de León Barreto, a quienes les salvó la ropa en elecciones difíciles. Hoy se muestra cerca de Olmedo. Plano corto de Anita, la campeona de la política de cercanía.

por Vanesa Fresno

Dicen que no la cambió. Que la agenda en la que Ana Martelli “anota todo, desde números de teléfono hasta los proyectos legislativos que le interesan” es la misma que la que usaba cuando era secretaria de salud de la ciudad hace una década. “Hay que robársela, esa agenda te puede ganar una elección”, bromean quienes valoran el pequeño tesoro que la concejala de Juntos x el Cambio viene fabricando desde antes de ingresar a la función pública. Cultora de un perfil amable, campeona de la política de cercanía e incómoda en el barro de la rosca, Martelli se perfila para ser una vez más candidata y obtener un tercer mandato en el Concejo Municipal, pero esta vez lo hará sin el traje que mejor le sienta y que siempre usó: el de oficialista.


El modo de construcción política que utiliza Martelli es sencillo pero efectivo. “Anita es la que atiende el teléfono, la que siempre está, la que se acuerda del pozo, de la vereda rota, del vecino que necesita un Ibuprofeno y del vecino que hay que internar”, describe alguien que está a su lado. “Podría ser una gran secretaria de acción social”, le reconoce un opositor. Para eso se vale de su perfil amigable y positivo, apuntalado por esa pinta de tía buena que cumple caprichos y por su catolicismo: llevó una virgen al Concejo y la tiene detrás de su banca, como protección. Nada de eso es una pose, lo siente genuinamente: no es extraño llamarla y encontrarla cocinando para su familia y más de una vez ha sorprendido preguntando por la salud de algún familiar que no pasaba su mejor momento a personas con las que no tiene más que una ocasional relación y que se quedaban sorprendidas por el gesto. “¿Cómo se enteró?”. Así, con esa “escucha activa”, se muestra disponible para los pedidos de todos y se preocupa por cumplir. De este modo, construyó una extensa red de relaciones y contactos y una imagen de política conectada con las necesidades de la gente.


Para cumplir, sin embargo, se encuentra con el obstáculo de que su rol legislativo no contempla recursos para ese estilo de política, simplemente porque un concejal no se encarga de eso. Ella, sin embargo, lo sortea de una fácil manera: Anita siempre fue oficialista, sin importar que los oficialismos cambien. Lo fue con Mónica Tomei y con Diego León Barreto, y cuando no, ahora con Roly Santacroce se preocupó por tener una relación más que fluida. Su bloque acompaña las iniciativas oficialistas y por eso a Martelli se le facilita lograr la solución a los problemas del funense “de a pie” que recurren a ella. Para concretar esos pedidos no utiliza intermediarios ni pide permiso, lo que, según dicen, inquieta a uno de sus jefes políticos, Carlos Olmedo, que se ve obligado a utilizar su vínculo más que estrecho con Roly Santacroce para monitorearla, aunque a su lado lo nieguen: “No hay patrones de estancia en JxC, todos tenemos libertad”.  



Nació en Italia y emigró de muy pequeña con su familia. Trabajó como administrativa del histórico doctor del viejo Funes, Abel Faust, y luego hizo lo mismo para dos intendentes también médicos: Juvenal Rímini y Mónica Tomei. En una ciudad que todavía tenía fisonomía de pueblo, ese rol le permitió ser conocida y conocer, ampliar su agenda, lo que le iba a servir en el futuro cuando diese el salto a la política. Justamente, fue Tomei quien la inició en la función pública, al otorgarle la secretaría de salud en sus primeros años como intendenta. Quienes recuerdan la gestión de Martelli dicen que fue “excelente, porque recibía a todos, saludaba a todos y dejaba a todos contentos aunque quizás no resolviese lo que le planteaban, fue un cambio fuerte en un cargo que antes era más estático”. 




A dos años de asumir, empezó a solucionar problemas de otro tipo: electorales. El tomeicismo se enfrentaba a sus primeras legislativas, la imagen de Tomei, que había arrasado en las elecciones anteriores, ya estaba deteriorada, y el espacio necesitaba una figura nueva que oxigene y que además tenga potencia para vencer al peso pesado que desafiaba en la interna radical: Horacio Rímini. El oficialismo de ese entonces pensó en Martelli como mejor opción y la tiró a la cancha por primera vez, con una campaña que con poco transmitía mucho: “Es Anita”, decían los carteles. Simple, potente, efectivo. La debutante le ganó la interna al experimentado Rímini y perdió las generales por menos de cuatrocientos votos con el peronismo que lideraba Roly Santacroce, pero salvó la ropa del Ejecutivo de ese entonces.  


La convivencia, dicen, no fue la mejor. Martelli no tenía un rol importante dentro del esquema del oficialismo de entonces, o no le abrían el juego. Además, todavía se acomodaba a su nuevo rol y al ingrato mundo de la política. Acompañó a Mónica Tomei hasta la puerta del cementerio, y cuando la intendenta perdió la reelección, se abrió. Sin pegar oficialmente el salto, fue apañada por Diego León Barreto desde antes de que este gane las elecciones y jugó en tándem con el bloque de Cambiemos durante sus primeros dos años de gobierno, acompañando iniciativa polémicas como la prefactibilidad para barrios cerrados en un momento donde la confección de un plan urbano era un reclamo persistente. Cuando se le terminaba el mandato, se encontró con que no tenía estructura para buscar la reelección. Luis Dolce le había dicho que no a León Barreto y el intendente tenía una estructura y un sello potente pero no tenía candidato y su imagen no era la mejor. El encuentro fue casi natural, Anita oficializó algo que ya se daba en los hechos, se sumó a Cambiemos, fue por la reelección en una campaña en la que León Barreto brilló por su ausencia y la ola amarilla hizo lo demás. Ganó con holgura, por más de diez puntos. Otra vez oficialista, otra vez salvándole la ropa al Ejecutivo. 


La catástrofe de Cambiemos encabezada por León Barreto tuvo lugar en 2019 y dejó tierra arrasada, pero Martelli no quedó huérfana de nuevo. El presidente del Concejo Carlos Olmedo se hizo cargo del espacio y de ella. Anita también se acercó al primer amor y estrechó relaciones con el sector de radicales que encabeza el diputado provincial Julián Galdeano y al que pertenece, por ejemplo, la ex secretaria de gobierno Verónica Rippa. Sin embargo, desde el entorno de Olmedo aclaran que no hay ningún acuerdo: “Anita está con nosotros no porque sea una herramienta para acercarnos a Galdeano, eso no nos interesa, está con nosotros por lo que ella es y puede aportarnos”. Con este nuevo esquema partidario acompañó casi todas las iniciativas que el intendente Santacroce envió al Concejo, desde las primeras ordenanzas de actualización automática de la TGI hasta las nuevas urbanizaciones que le dieron oxígeno financiero al peronismo gobernante, en el marco del sólido acuerdo que Olmedo cerró con Santacroce desde antes de que este asumiera y que fue vital para que pueda desarrollar su gestión sin mayores contratiempos. Hoy no puede decirse que es oficialista, pero le ofrece una inestimable ayuda al Ejecutivo.  


¿Cómo es Martelli en el Concejo? “No es una concejal activa”, dice alguien que compartió años de trabajo legislativo con ella. “No genera iniciativas, no está en el detalle ni en la negociación, además le incomoda mucho la discusión política y el tono alto, se pone mal y se quiere retirar, eso también la hace la oficialista eterna, porque se recuesta sobre la comodidad del poder, no es una mujer de controversias”. Sin embargo, la misma fuente le reconoce dos virtudes: “sabe preguntar a los que saben” y “siempre tuvo buenos operadores, Gonzalo Miranda Aguiar antes, Carlos Olmedo ahora, siempre tuvo buenos negociadores y siempre supo estar donde había que estar y no estar donde no había que estar, porque también supo administrar sus ausencias en momentos clave”, al punto tal que de Anita “no se sabe su ideología ni su postura en temas picantes, no suele dar notas y sin embargo es una dirigente política con mucha consideración social”. 


En su espacio dicen que antes era “un poco confianzuda y se aprovechaban de ella”, pero que aprendió y ahora “no es ninguna boluda, aunque a veces se hace”. “La mayoría de los actores políticos de Funes la subestiman, quizás por prejuicio o por el hecho de ser una señora mayor”, sostiene un opositor. Para un consultor político local, es hábil porque “supo ´venderle´ su perfil a la política”: “ninguno en la política de Funes construye desde ese lugar, al menos no en Cambiemos o en el Frente Progresista, que son los partidos que ´compraron´, no supieron construir ese perfil”. ¿Por qué la buscan? “Son partidos que tienen actualidad difícil y apuestan a lo conocido antes de apostar a un cuadro nuevo que tengan que posicionar, laburar, instalar, dar a conocer. Anita resuelve ese problema, ahorra recursos y tiempo, asegura un piso electoral”, explica la misma garganta. 


Dicen los que están cerca de la cocina de Juntos x el Cambio que Martelli va a ser la candidata del espacio este año. Hay señales en ese sentido: se ausentó de la sesión en la que se renovó la actualización automática de TGI, una iniciativa del oficialismo que ella misma había votado anteriormente. Dejó que Olmedo afronte todo el costo político de acompañar una vez más las medidas del peronismo porque, según dicen en el bunker amarillo, “necesitamos una candidata limpia”. Si es así, por primera vez, encarará una elección sin el paraguas del Municipio, dentro de un espacio opositor que viene de un golpazo hace dos años y enfrentará rivales que se muestran firmes y con potencia electoral. Es un desafío para Anita, que tendrá que salvar la ropa una vez más, pero ahora sin su mejor arma: el traje de oficialista. 



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