Amor por las mascotas: Funes tiene su "psicóloga de animales”

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De profesión contadora, Andrea tiene amor y pasión por las mascotas. Eso la llevó a estudiar para convertirse en educadora de animales. Recomendaciones para dueños de perros y gatos.

Andrea Méndez es oriunda de Córdoba, pero luego de algunos vaivenes en su vida logró asentarse en Funes hace unos diez años. De profesión contadora, este año tuvo la posibilidad de darle rienda libre a una materia pendiente: capacitarse para ayudar y educar todo tipo de animales. En este artículo cuenta su experiencia y brinda algunos consejos para fortalecer la relación con las mascotas.


“Amo a los animales desde que tengo uso de razón y de chica soñaba con ser adiestradora. Empecé a averiguar el año pasado y hace unos meses arranqué un curso de educador canino, donde se trabaja no sólo desde lo conductual, sino también con la parte emocional del animal que es la que desencadena mayores problemas”, destaca.


La capacitación que recibió Andrea se basa en el método “Cecchi”, ideado por Aldo Cecchi, un instructor experto en la materia, que le brindó desde Canadá la base teórica para dar sus primeros pasos en la educación canina. El método sirve tanto para perros como para caballos y felinos por ejemplo, y gira en torno a los ya conocidos “premios” que se les da a los animales al finalizar cada prueba. La educadora destaca que “los animales lo disfrutan mucho” y que así lo comprobó con “Janah”, su perra que “esperaba ansiosa las prácticas tanto en los cursos como en casa”.


¿Por qué es educación y no adiestramiento?


Entre adiestrador y educador animal hay algunas salvedades. Según cuenta la especialista, “es más completo el trabajo del educador” porque “más allá de que los resultados no sean exactos como en un animal que aprende a caminar a la perfección al lado de una persona por adiestramiento, el educador apunta más que nada a los problemas de tipo emocionales que, al no tratarse, desencadenan en conductas indeseadas. El trabajo de un educador puedo decir que es como el de un psicólogo para animales”, cuenta Andrea y subraya que la actitud del dueño para con su mascota es clave porque puede generar en su conducta distintos tipos de desobediencias: “Se trabaja sobre la emoción del animal, pero además sobre la conducta del dueño que muchas veces es la que genera el problema del animal”.


“Como con los niños, todo es cuestión de paciencia, amor y práctica. El problema es cuando el dueño quiere que uno le resuelva la conducta de la mascota sin que ellos se esfuercen en hacerlo”, señala la educadora animal dando cuenta de una situación que es recurrente en su trabajo. 


Las consultas más frecuentes que recibe Andrea pasan por problemas de jerarquía ya que los animales no respetan a sus dueños y esto se refleja en el no acatamiento de las órdenes, cuando causan daños en el hogar o en el paseo al tirar de la correa. “Son varios factores los que influyen, no una cosa en particular”, asegura la especialista.


“Los animales hasta los 50 días de vida tienen que estar bien socializados, tienen que tener contacto con otros tipos de animales y con personas, salvo casos excepcionales como en los recién nacidos que aún no han recibido sus vacunas”, subraya la educadora como momento clave en la conducta animal y adhiere que “hasta los cuatro meses de vida los cachorros tienen la posibilidad de desaprender determinados hábitos”.


Hay casos en donde un perro callejero es encontrado y no hay posibilidad de saber acerca de su pasado o si fueron víctimas de algún tipo de maltrato que pudo provocarle miedo hacia las personas, algo que mediante el método Cecchi se puede revertir: “Hay animales que sufren un maltrato terrible en la calle y con el método se le puede sacar el miedo o controlarlo. Después uno va generando hábitos en los animales, que a veces por no saber bien cómo corregirlos, ellos lo toman como una conducta que está bien llevarla a cabo”, resalta.


Las clases


Independientemente de la especie, raza, sexo o tamaño, las clases que reciben los animales son iguales. “Las primeras clases son conductuales, se les enseña a sentarse (sit) y a echarse (down), luego a quedarse quieto que es algo muy importante para aquellos que suelen escaparse. Ahí ya se empieza a ver mucho el progreso y ya en la tercera y cuarta clase se notan las correcciones de ciertas conductas, sobre todo con la correa, que desde lo emocional y conductual ayuda a las personas a tener una mejor relación con sus mascotas”, describe Andrea y destaca: “Generalmente les doy tips a los dueños antes de arrancar las clases y después de la primera lección ya me comentan que notan una diferencia. Eso está buenísimo, sobre todo porque veo a los clientes felices, que antes no pasaba porque les resultaba un problema tener al perro en la casa y creo que la idea de tener una mascota es que sea una relación armónica para el animal y para los dueños”.


Lo indispensable del paseo con correa


“Tanto para los animales que viven con patio como para aquellos que viven en un espacio reducido como un departamento, el paseo es indispensable. Los perros necesitan oler a otros pares e interactuar con ellos, todos deberían tener paseos en mayor o menor medida, dependiendo de las necesidades del animal y el espacio con el que interactúan”, destaca la contadora poniendo especial énfasis en el uso de la correa independientemente de lo acostumbrados que estén a andar solos.

“Siempre deben ir con la correa, nunca sueltos. La gente tiene que entender que es necesaria la correa para prevenir accidentes ya sea por los niños, por los autos de la calle, por otros animales o por nosotros mismos”, destaca.


“Tuve un Pitbull y era el perro más bueno del mundo”


Es recurrente enterarse de casos en los que perros de raza Pitbull atacan a personas o incluso de peleas entre los mismos canes, pero según Andrea que se trata más de un prejuicio que de algo concreto, y niega que se trate de una raza de naturaleza violenta: “No creo en la existencia de razas peligrosas. Creo sí que hay razas grandes, en cuanto al tamaño y su cuerpo, que tienen más fuerza que otras pequeñas y que sus dueños deben tener ciertas precauciones porque“no es lo mismo una mordida de un perro grande a la de un perro chico”, asevera.


La educadora animal subraya que en el caso reciente en el que un ladrón que ingresaba a un domicilio de Los Polvorines (Buenos Aires) fue sorprendido por dos Pitbull que lo atacaron y le terminaron provocando la amputación de una pierna, éstos no hicieron más que defender su territorio, una conducta propia de cualquier animal e incluso de las personas. 


“Por el tipo de heridas que sufrió el hombre puedo casi asegurar que hubo una agresión del ladrón hacia los perros”, considera Andrea y complementa con su experiencia personal con los estos canes: “Rescaté muchos Pitbulls, tuvimos uno con mi familia en Córdoba cuando era chica y era el perro más bueno del mundo. Adopté también uno adulto que se integró perfecto a la manada de mis perros y gatos, y que además era excelente con niños”.


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