Funes

“A mi hijo lo mataron, y yo me muero todas las noches con él”

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La muerte de “Topa” enlutó el fin de año funense. Su inexplicable desenlace abrió la puerta a un misterio que deberá resolver la Justicia. InfoFunes dialogó con Gabriela y Raúl, sus papás.

Tomás “Topa” Rodríguez tenía 14 años cuando murió el domingo 29 de noviembre. Tenía amigos, sueños y una familia que no deja de llorar por él. La Justicia investiga qué pasó cuando fue a un kiosco, a la vuelta de su casa, y recibió una descarga eléctrica. Un ventilador escondido, una reja que “daba patadas”, complicidades y falta de recursos sanitarios fueron el cóctel que se llevó su floreciente vida. 

“Estaba sentada en la entrada de mi casa, alguien vino y me gritó vení que Tomy se desmayó. Llegué al kisoco y un vecino le estaba haciendo RCP. Me dijeron que se había electrocutado. El ventilador, que todos vieron alguna vez, ya no estaba”. Así empieza el minucioso y desgarrador relato de Gabriela. 

Médica de profesión, Gabriela sabe la importancia del tiempo en estos casos. Y entendió, a la fuerza y a su pesar, que la vida de su hijo empezaba a apagarse. 

“De golpe todos estaban desesperados, rezando, gritando, buscando señal para llamar al 911. A las 20.23 entró la primera llamada a la ambulancia. Tardó mucho; tanto que primero llegó la Policía, acompañada de Control Urbano. Cuando llegó la ambulancia bajó con un desfibrilador y no estaba cargado. Le pedí a una doctora que le haga una vía o una intubación, pero me dijo que no tenía con qué. Mientras, los médicos se reprochaban entre ellos porque no estaba cargando el desfibrilador, incluso recordaban que habían visto el programa de Mirtha Legrand”, cuenta la mamá, que entre lágrimas termina: “Ahí me di cuenta que no había vuelta atrás. No había nada que hacer. Le tomé la mano a mi hijo y me despedí”.

La vida de Tomás se apagó a causa de una electrocución, en principio producida desde una reja en el kiosco de calle Bouchard. Una falla eléctrica transmitida por un ventilador podría ser el origen de esa descarga que, dicen algunos vecinos, “era común que sucediera”. 

La causa que investiga la muerte del joven funense hoy duerme en los Tribunales de Rosario. Tiempo de feria judicial y a la espera de “resultados definitivos” de exámenes médicos y pericias que se espera le den luz y paz a su familia. Lo que se espera, según pudo saber InfoFunes, es el informe final de la autopsia realizada en el cuerpo de Tomy. “No llegó por el momento y la fiscal (de la Unidad de Homicidios, Mariana) Prunotto está de licencia”, confió a este medio una alta fuente judicial. 

“La reja del kiosco siempre tuvo contacto y la respuesta que daban era que no había que tocarla. No se entraba por la reja, sino por la puerta de al lado. A mi hijo lo mataron, me lo arrebataron”, dice Raúl, desconsolado por momentos, ante las consultas de InfoFunes. “Era un ser de luz y murió como un perro, tirado en la calle, con la complicidad de la EPE, del intendente, de la gente del kiosco, y del SAMCo que no tiene una curita”, arremete y luego sentencia: “Pero van a pagar todos, por la Ley o por la fuerza”. 

Su dolor es tan grande que apenas si puede sostener su relato. Cortado por momentos, con lágrimas en sus ojos que ya le son cotidianas, cuando su furia lo deja, elige recordar. “Perdí a mi compañero de vida, a mi pilar. Quería ser veterinario, quería ser papá, estaba entrenado, era un gran deportista. Mi hijo tenía sueños, tenía futuro. Decía que se iba a casar y que nos iba a dar nietos. Estaba orgulloso de su club, de sus amigos, de su familia. Pero me lo arrebataron dos asesinos. Lo mataron”, repite una y otra vez. 

Enojado con el intendente de Funes, le recrimina no haberlo llamado, no haberlo acompañado en su dolor. “(Roly) Santacroce habló conmigo después. Me dijo que él no había puesto un abogado para defender a esta gente. Venite a la intendencia flaco porque te lo quiero decir cara a cara, me dijo. No hubo ni un pésame, ni una corona, nada”, señala, y luego directamente acusa: “La ciudad no tiene salud, es un desastre. Esta gente no tiene habilitación y pasó esta tragedia. La EPE de Funes a nosotros cuando nos atrasamos tres meses nos cortó la luz. Con esta gente, que no tiene planos de construcción y no tienen bajada de luz independiente, no pasa nada. Se llevaron a mi hijo; su alma no vuelve más, y yo me muero todas las noches un poco con él”.

El relato de aquella noche de domingo está marcado a fuego para Gabriela. “Subimos a la ambulancia mientras hablaba con el manager de Topa. Los médicos hablaban entre ellos, haciendo chistes o contando chismes. Ahí le dije a la médica que no haga show, ya se lo había dicho antes. Y se lo dije una vez más en el Houssay. Le pedí por favor que no hagan show con mi hijo; que no me dibujen un show que no existe, porque sabía que no había vuelta atrás. Soy médica y sé que no tenían nada para hacer”, recuerda la mamá. Ya en el dispensario, ella misma pidió quedarse a solas con su hijo. “Le saqué unas cintas que tenía y recién ahí una enfermera me tomó la mano y me dio su pésame”.

La muerte de Topa sacudió la ciudad y se conoció casi de inmediato. Preguntaron por él decenas de personas, muchos de ellos incluso llegando hasta el Houssay para ayudar o ver qué pasaba. “Mi mamá tuvo un pico de presión, mi viejo se desmayó. Un rato antes habían estado con él. Los chicos –hermanos, amigos- estaban dando vueltas en la plaza, preguntando por él. Luego empezaron a llegar de todos lados y lloraban tirados en el piso”, recuerda Gabriela, que entre lágrimas agradece: “Toda la noche fue un desfile de chicos, de gente que amaba a Tomy. Recibí cientos de mensajes y hoy me quedo con ese cariño”.

La muerte de Tomy desnuda un déficit que Funes tiene desde hace años. Un déficit que, en este caso, fue mortal. “Funes no tiene salud. Tenemos siete iglesias pero no tenemos ambulancias como la gente, no están equipadas. El servicio no existe, los centros no están equipados”, denuncia Gabriela, y pide: “En vez de tantos edificios hagan un hospital. No hay internación, no hay pediatras, no hay emergencias”.  

Marchas de dolor y amor

Este miércoles fue la tercera marcha por Topa. Familiares, amigos, gente del club, “de a poco, cada vez somos más”, dice su papá. 

“Tratamos de que en cada marcha nos acompañe más gente. Los que están en la calle ya saben de nosotros, por eso empiezan a reaccionar de otra manera. Queremos que se sepa el funcionamiento de la ciudad y el derecho que tienen algunas personas que aunque sean negligentes no pagan las consecuencias. Pongo un negocio pero como soy “amigo de” nadie me dice nada. Eso se termina”, cierra Raúl. 

Nada puede cambiar lo que pasó. Nada puede reemplazar la vida de un joven que tenía sueños, anhelos, proyectos. Nada puede consolar el dolor de su familia. 

El único grito que queda, lo único que se escucha en medio del ensordecedor silencio de una Funes cada más bulliciosa, es el que pide “Justicia por Topa”. 

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