Un “Cigadrillo” ecológico y solidario en el centro de Funes

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El punto de recolección de colillas de cigarrillos se instaló la ciudad por iniciativa de una vecina. Los restos de puchos sirven para fabricar ladrillos aislantes, un invento de alumnos de la UNR.

El Cigadrillo es un invento de un grupo de jóvenes, estudiantes de la carrera de arquitectura, que con inquietud sustentable pusieron todo su empeño e ingenio en idear un nuevo material de construcción utilizando la basura humeante. Gracias a su invento las colillas de cigarrillo se convierten en ladrillos térmicos y aislantes, también llamadas placas termoacústicas. 

En Funes se toparon con otra inquieta y siempre ocupada en temas ambientales. Soledad Tournier conoció la idea y decidió contactar al grupo de jóvenes y ofrecer su estudio contable, ubicado en la esquina de San José e Independencia, como punto de recolección para depositar las colillas, un eslabón central en la cadena solidaria que depende del conocimiento de los cuatro jóvenes y la voluntad de los vecinos para recolectar la materia prima, descarte de cualquier fumador.

El Cigadrillo ya se encuentra instalado en la fachada céntrica, y los funenses pueden depositar allí sus puchos para colaborar con el invento. Soledad contó a InfoFunes que esta no es su primer iniciativa ecológica: “Me interesa el tema de reciclado, en casa lo estamos haciendo separando residuos, compostando, y en el estudio también tenemos un punto de recolección de latas donde los vecinos pueden llevar y nosotros nos ocupamos de reducir y llevar a lugares donde los reutilizan”.

Cuando supo de los Cigadrillos no dudó en poner manos a la obra y ofreció su lugar de trabajo, ubicado en pleno centro funense, para instalar el primer punto de recepción de colillas en la ciudad. El cesto –con elocuente forma y color de cigarrillo- está ya instalado a disposición de los funenses las 24 horas. “Es una esquina en donde la gente espera el colectivo y pasa mucha gente”, destaca. No sólo pueden dejar sus colillas los que ocasionalmente pasen fumando, Soledad invita a generar el hábito de juntar en cada lugar las colillas en una botella para después acercarlos a su punto de recepción.

Un invento que no es humo

Antonio, uno de los cuatro fantásticos estudiantes de la UNR que se puso al hombro el proyecto, explicó el por qué del material elegido: "Este residuo está muy naturalizado. Si lo ponemos en comparación con otros materiales u otros residuos, la colilla ocupa el primer lugar en cuanto a contaminantes en las ciudades". El equipo hizo un relevamiento en la ciudad de Rosario que arrojó datos realmente preocupantes: "Hicimos un trabajo de campo en la ciudad, y en los barrios nos encontramos con hasta tres colillas por metro cuadrado, en la zona del centro de Rosario con 18 colillas por metro cuadrado y en el sector de la costa central, llegamos a ver hasta 72 colillas por metro cuadrado".

"Viendo esta huella ambiental que deja este contaminante, que para la mayoría pasa desapercibido, nos pareció que había que trabajarlo, con sus posibilidades y potencialidades, por ser aislante acústico y térmico. Y dimos con la solución justa", contó Antonio a La Capital.

Las placas aislantes termoacústicas que crearon los estudiantes de la UNR con las colillas de cigarrillos son únicas y no hay un precedente sobre esta innovación con este material específicamente: "Viene a competir, directamente, con los poliestirenos expandidos y lanas de vidrios por ser un aislante térmico y acústico. Puede ir en medio del armado de una pared de construcción seca o en las cubiertas". A grandes rasgos, el desarrollo de cada placa se inicia con la limpieza de la colilla, que luego se "desmenuza" para convertirla en una "materia fibrosa", explicaron los inventores, ganadores del concurso provincial Ingenia.

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