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El año que dejamos de ir a la escuela

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Las escuelas y sus alumnos y alumnas fueron sin dudas los más afectadas por la pandemia. ¿Cómo sigue el año escolar que, cambio de calendario mediante, aún no terminó?

En una situación tan disruptiva como fueron las consecuencias de la pandemia de Covid-19, fueron muchísimas las situaciones cotidianas que tuvieron que reverse de golpe. Y en el ranking de las instituciones que debieron cambiarlo todo, sin duda la escuela tiene su lugar en el podio. Los cambios más drásticos, profundos y sostenidos se dieron en las aulas, esas que quedaron vacías.

Fueron los alumnos y alumnas de jardín, primaria y secundaria los primeros que tuvieron que demostrar capacidad de adaptación, y con ellos sus familias y docentes. Nuevos desafíos irrumpieron así en sus vidas: debían continuar con el proceso de aprendizaje con nuevas estrategias, sobre la marcha y a contra reloj. El uso de tecnología se convirtió en el gran desafío a sortear y en la contracara de un problema que esconde otro central: las diferencias en el acceso a conexión, dispositivos y alfabetización digital, entre alumnos y entre docentes.

Durante todo el año rondó la pregunta ¿cuándo regresa la escuela presencial? Pese a que nunca llegó, o apareció recién en los últimos días con breves encuentros -que se dieron en algunas escuelas, ni siquiera en todas-, las clases siguieron todo el año, virtuales, o por envíos de tareas, pero “clases” en fin. Fueron entonces los chicos, niños, niñas y adolescentes de todos lados los que pusieron el cuerpo y la cabeza a un proceso de aprendizaje distinto, nuevo, y sumamente disruptivo.

Si hay algo que puede rescatarse del año lectivo que pasó fue que “todos los involucrados pusimos todo lo que teníamos a nuestro alcance y más, desde los chicos hasta los docentes”, cuenta una maestra de Funes. Sin embargo, las trabas fueron un montón.

Por empezar, durante los largos meses del 2020 hubo que lidiar con la incertidumbre. Nadie sabía cómo dar clases, cómo corregir contenidos, cómo evaluar. Además, la falta de información oficial fue una constante. La desinformación alcanzó también al ámbito de la educación y las consultas llegaban a la escuela pero no las respuestas por parte del Ministerio.

Cada institución tuvo que armarse de una estrategia propia. Hubo quienes implementaron plataformas virtuales a las pocas semanas del aislamiento. Hubo quienes lo hicieron recién a los meses. Las brechas educativas se hicieron notar con rapidez, no así los puentes.

Como si fuera poco, hubo un mensaje que caló hondo en la sociedad y que atentó contra todo los esfuerzos que cada escuela hacía para incentivar el vínculo pedagógico. Adriana Cantero, ministra de Educación de Santa Fe, confirmó en agosto del 2020 que “no habrá repitencia” de grados o años para todos los alumnos, pero sí habrá “una evaluación cualitativa” y la promoción del actual ciclo lectivo ser haría al final del año próximo”.

El mensaje se entendió a medias. Lo que sí quedó claro es que nadie iba a repetir. Recién a fin del ciclo se aclaró la letra chica: el ciclo lectivo tan particular que transcurrió en el 2020 no finalizó con el año. Continúa en el 2021 y si bien cada grado o año pasa inmediatamente al posterior, los contenidos deben ser demostrados a como dé lugar.

Es así como muchísimos chicos y jóvenes que terminaron el año adeudando algún trabajo deben seguir trabajando durante el verano para ponerse al día con lo que puede haber quedado sin ver. Las entregas de cada área se harán entre febrero y marzo, y las evaluaciones quedan abiertas.

La normativa ya decía que la unidad pedagógica es 2020/2021, pero se aclaró su significado bastante tiempo después. Se dispuso que los 5tos años terminan su cursado en marzo de 2021, para el resto del alumnado la unidad pedagógica es todo el 2020 y todo el 2021.

“Ningún alumno va a perder al año, ninguno repite, eso es oficial. Ahora, la unidad pedagógica 2020/2021 tiene que dar cuenta que se acreditó contenido en cada área. El alumno que no lo acreditó tiene la posibilidad de seguir demostrando esos contenidos en febrero o marzo. Si hay contenidos que no fueron demostrados, para poder seguir el proceso de la unidad pedagógica se tendrá que continuar este año”, explica una docente y directora.

“Se les explicó a los alumnos en todo momento, motivándolos, que no era lo mismo hacer que no hacer, pero el mensaje del “nadie repite” vino en contra de todo el esfuerzo que hicieron todas las partes para continuar con el proceso pedagógico”, confirma y aclara que las situaciones fueron muy diversas. Cada institución lidió así con un proceso de comunicación con cada familia que superó ampliamente a los esfuerzos que llegaron por parte de las autoridades ministeriales. Pese a eso el desafío, entienden, se cumplió y cada institución logró que el objetivo principal de mantener, sostener y fortalecer el vínculo entre alumnos y docentes prime. 

Los próximos meses se esperan que transcurran con las mismas incertidumbres que el año que recién se va. Mientras que muchos chicos y adolescentes pasan su verano alistando algún que otro deber adeudado, el Ministerio entra en vacaciones. Alumnos, docentes y familias enteras esperan que las autoridades aprendan del camino recorrido y que las reglas sean un poco más claras de una buena vez.

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