Dos mujeres que se enfrentaron a los estereotipos para cumplir su sueño

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Comparten un objetivo: ayudar a la comunidad. Por eso decidieron ocupar gran parte de su tiempo en el cuartel de Bomberos Funenses.

 

Dos mujeres que quisieron superarse a sí mismas y que sentían la necesidad de aportar a la comunidad funense, que demostraron que sí podían y que están dispuestas a crecer todos los días un poco más: Miriam Ledesma y Virginia Márquez son dos Bomberos Voluntarios de nuestra ciudad que se enfrentaron a los estereotipos sociales y hoy felices ejercen su profesión.

 

Mirna tiene 35 años, es licenciada en enfermería y actualmente trabaja en un centro de rehabilitación en la ciudad de San Jerónimo. Desde muy chica reside en Funes, y hace dos meses que se incorporó al cuerpo activo de los Bomberos Voluntarios de Funes.

 

Virginia tiene 39 años, trabaja actualmente como maestra jardinera en la ciudad de Rosario, ya hace 20 años que vive en Funes, está casada y tiene dos hijos, se incorporó al cuerpo activo un tiempo antes que su compañera y ya participó de algunos servicios en la ciudad.

 

Para lograr formar parte del equipo del cuartel ambas estudiaron durante dos años, el primero como aspirantes a Bomberos realizando diferentes tareas dentro del cuartel funense,y el segundo lograron rendir a nivel regional con los mejores promedios. Como hace unos meses atrás consiguieron el alta de la Federación ya pudieron incorporarse al cuerpo activo.

 

La decisión de Mirna de querer ser Bombero Voluntario llegó cuando logró cumplir su objetivo de realizar una carrera universitaria y al terminarla sintió que ella podía más, y decidió por vocación comenzar el voluntariado para poder aportar su ayuda y su “granito de arena” a la comunidad. Para su futuro Mirna afirma que quiere seguir formándose como profesional, continuar con las capacitaciones y crecer cada vez más en este trabajo que eligió por pasión.

 

La iniciativa de Virginia de entrar en el cuerpo de bomberos se basa en tres razones: la primera fue que desde chica siempre admiró el trabajo de los bomberos, la segunda es que al ver un accidente de cualquier tipo siente la necesidad de estar ahí para ayudar en la situación ya que siempre tuvo la idea de solidaridad dentro de la comunidad y de poder aportar la suya, y el tercer motivo -y el más importante- fue porque quería hacer algo por ella misma, quería superarse y concretar ese sueño que había postergado por tantos años. “Para llegar a ser Bombero necesité de una ayuda especial, la psicóloga del Cuartel, gracias a ella que me sostuvo y contuvo en muchas oportunidades pude lograrlo”, agradece hoy.

 

Ambas realizan todo tipo de tareas dentro del cuartel, desde poner en condiciones las herramientas de trabajo hasta preparar charlas educativas para los niños que visitan el lugar durante el año, pero lo más importante que destacaron las bomberos es que siempre se trabaja en equipo, y que sus compañeros son como una segunda familia para ellas, que se apoyan y se cuidan entre todos, “esto es una gran familia y es un lazo muy fuerte el que se forma”, confesaron.

 

Su rol como mujeres dentro del cuartel

 

Mirna y Virginia expresaron sus primeras experiencias como mujeres dentro del cuartel de bomberos, subrayando que al principio fue “duro” pero con el tiempo lograron “adaptarse”.

 

“Al principio cuesta un poco, no es fácil adaptarse a trabajar con hombres en esta profesión, pero es cuestión de tiempo hasta que lográs formar una amistad, un lazo con tus compañeros, lo que después te sirve mucho a la hora de trabajar, porque vos salís y tenes plena confianza en tu compañero. La tarea del personal femenino es muy importante, porque en los accidentes donde hay chicos o mujeres, nosotras logramos ver la situación desde otra perspectiva que los hombres y eso también ayuda a controlar mejor el ambiente, somos la parte sensible, y siento que somos un eslabón muy importante dentro del equipo”, argumentó Mirna.

 

“Yo nunca me sentí discriminada, en todo caso era yo misma quien me ponía en un posición de inferioridad a causa de los prejuicios, y por no creer que podía. Es más, muchos de mis compañeros me apoyaban y me decían que somos todos iguales y que podía lograr cualquier trabajo. También al conocernos vamos destacándonos en lo que somos mejores y todos conocemos las debilidades o las fortaleza de nuestros compañeros lo que nos ayuda también para que cada uno pueda ofrecer lo mejor de sí y que el trabajo en equipo sea correcto, podemos tener diferencias pero somos un equipo unido, me siento bien con ellos”, confesó Virginia.


 

Satisfacción de la profesión

 

Ambas admiten que no es fácil la profesión con respecto al rol en la familia, que sus padres, madres, hermanos, esposos e hijos tienen miedo por su seguridad, y que no siempre las apoyaron en un inicio cuando tomaron la desición de dedicarse a ser bomberas, pero que ambas no tienen presente los puntos negativos de la situación sino al contrario piensan en ayudar a otras personas y en realizar el trabajo de voluntariado para poder realizar su aporte a todo aquel funense que lo necesite.

 

“Las situaciones que se viven son muy fuertes, todo te emociona, todo es muy gratificante, la sensación que tenés cuando suena el radio y salir a ayudar a los demás no tiene explicación, te vibra el alma y lo más lindo es la satisfacción de haber podido aportar a la causa, volves de cada servicio con una energía positiva que no te lo da otra cosa”, sostienen.


 

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