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    Sufrió la pérdida más dolorosa y hoy ayuda a otros a superarlo

    05/03/18

    Natalia es una mamá que perdió a su hija mayor hace dos años tras un terrible accidente. Encontró en el grupo Renacer la fuerza para seguir sonriendo, acompañando a padres y madres que pasaron por las mismas pérdidas.

    Verónica Peyrano

     

    ¿Qué se puede hacer ante una tragedia como lo es la pérdida de un hijo?, ¿cómo se sigue adelante, honrando la vida de aquel que ya no está y la propia?. Lidiar con la muerte como único destino cierto -pero inevitablemente doloroso- puede ser una tarea difícil de encarar en singular, sobre todo si se trata de la vida de un hijo. Sobrellevar el bofetón que llega sin avisos, asimilar que a pesar de esto la vida de los que están en vida continúa es una de las consignas del grupo Renacer, un grupo de ayuda mutua de padres con hijos fallecidos.

     

    Natalia Corts forma parte del grupo y es el contacto de la agrupación en la ciudad, con sedes en todo el país, y que hace poco tiempo comenzó un nuevo espacio de encuentros en la ciudad de Carcarañá donde dos miércoles al mes se reúnen. Renacer ofrece un espacio de contención desde el lugar más sano posible: “Seguir dignos”, encontrar dentro de sus tragedias la mejor alternativa para seguir. “Si es necesario se cuenta cómo cuando se presentan cómo fue el momento de la pérdida, pero la idea no es hablar de lo que pasó y de cuán mal se está”, explica y señala que el ánimo se encuentra en el ahora.

     

    Cande –Cata para su mamá- tenía 18 años. Falleció en un siniestro vial el 5 de marzo del 2016. Estaba estudiando modelaje y perfeccionando su inglés para vivir en Nueva York. “Proyectos de una vida maravillosa que la tendrían que estar esperando…”, cuenta su mamá. Viajaba junto a su papá a Buenos Aires a ver a los estadounidenses Marron 5, banda que le encantaba y que muchos meses antes había recibido una entrada como premio por el paso al último año de su secundaria. Esa mañana se subió a un auto en el asiento de acompañante y la fatalidad la encontró.

     

    Natalia recibió el llamado del papá de sus hijos en el medio de un loteo de Roldán, donde mostraba propiedades como parte de su trabajo de martillera. “Sólo me dijo que habían tenido un accidente. No sé cómo llegué a mi casa, encontré a mi hermano y salimos corriendo al lugar, cerca de San Pedro. Fueron los 180 km más largos de mi vida”, grafica, y su voz se quiebra en un llanto calmo.

     

    Luego de eso su vida fue, por un período que no se puede expresar con un calendario, oscuridad. Pasó un tiempo hasta que pudo acompañar a su hijo de entonces trece años, a su nuevo colegio. Fueron meses en los que sólo salía de su casa para ir a la iglesia o al psicólogo. “Recorría tres kilómetros para comprar cigarrillos para que nadie me pudiera preguntar nada, uno lo que quiere es huir de esa realidad”. Entre esos deseos de huir, su hermana en un intento desesperado por ayudarla, hizo un llamado telefónico que marcó un punto de inflexión en la vida de esa familia que necesitaba reconstruirse.

     

    “Ella llamó a alguien y me dijo: “Hoy va a venir a verte una señora, es una señora que también perdió a su hija. Si la queres recibir, recibila.”. Ese día llovía muchísimo, y vino Norma en remise, bajo la lluvia. Ese es el esfuerzo que hacen los que están en el grupo, acompañar para salir de ese terrible momento”, contó y explicó: “Me habló mucho desde su corazón, sin ninguna postura de superación. Me invitó al grupo Renacer y me dijo que el objetivo era contenerse, transformar el dolor en amor, y que la base del grupo es que se puede, y me avisó que yo no la iba a entender en ese momento, pero que el objetivo inicial era intentarlo, intentar poder seguir”.

     

    Norma, como Natalia y como tantos otros que integran Renacer, perdió un hijo. En el grupo hay familias que perdieron a sus hijos por enfermedades, por la propia voluntad de los que partieron, o por accidentes como Cande. “La mayoría de los papas perdimos hijos jóvenes, muchísimos adolescentes. El segundo en el que perdes un hijo es igual para todos”. Nati participa del grupo junto a una de sus hermanas y su hijo. Renacer está abierto a todos.

     

    Natalia explica: “Todos llegamos de la misma manera, mirando a los otros y pensando cómo te podes reír si se murió tu hijo, como podes hacer un viaje si se te murió un hijo, y en realidad, hay una de las frases que se escucha en Renacer que es SEGUIR DIGNO. En una de las últimas fotos que me saqué con mi hija es una foto hermosa en la playa en la que ella está arriba, que ella me compartió en Facebook para el día de la madre y me puso que yo le había enseñado a mirar la vida con la frente en alto. Cuando escuche esa frase que hablaba de la dignidad, automáticamente me di cuenta de que era el camino, porque si tomaba otra decisión no se lo iba a seguir enseñando”.

     

    La idea entonces es acompañarse en ese “seguir”, sonreír sin culpas. Entender que a semejantes tragedias no hay modo de encontrarle una explicación que calme, pero sí un aprendizaje. Aprender a continuar. Valorar lo que si se tiene, y lo que dejó quien se fue.

     

    Natalia y sus compañeros del grupo Renacer saben que es un proceso que difícilmente termine. Ella admite que siente altibajos, pero está decidida a continuar. En el grupo encontró personas a las que sentía pares y que entendían, como ella, que lamentarse y sentir autocompasión la “hundía más”. Por fuera de cualquier tipo de creencias religiosas, aunque ella lo és y lo profesa, el vínculo que afianzó con otros padres y madres que pasaron por lo mismo la ayudó a salir. Y ahora también es quien acompaña a otros. A Renacer van hombres y mujeres que “vienen con una pérdida reciente, o quienes perdieron a sus hijos tal vez hace años y que no pueden salir. Porque nadie está preparado para esto”.

     

    Los grupos Renacer comenzaron a armarse a fines de 1988, cuando Alicia y Gustavo Berti perdieron a su hijo mayor y empezaron a reunirse con otros padres que habían pasado por lo mismo. En su página www.gruporenacer.wordpress.com, dicen: “Perder un hijo es tremendo. Pero si además me dejo morir con él, resulta atroz. Somos padres que hemos caído en el abismo. Logramos levantarnos, sonreír y abrazar a otro que nos necesita. Somos importantes. Somos valiosos. Vivir sigue siendo un privilegio”.

     

    En Funes, Natalia es quien coordina las reuniones que tienen lugar dos miércoles al mes, de 20 a 22 hs. en el grupo Renacer Carcarañá. Por información, contactar al 341-3155700.

     

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