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Sábado 20 de Octubre

Funes, Santa Fe, Argentina

  • Fotos: Vanesa Fresno

    Las 12 historias de 2017

    28/12/17

    Hay personas que viven con el fuego de los buscadores y realizan pequeñas proezas que abren caminos. Este es un repaso por las historias más lindas que InfoFunes contó en este 2017 que se escapa.

    Lucio Di Giuseppe/Verónica Peyrano

     

    Gauchito Gil, una historia de Amor

     

    La historia del altar funense del Gaucho Gil que contamos en enero, mes de su festejo, fue una de amor. Loly se casó con Amor Ojeda a sus cincuenta años. Los dos correntinos, se conocieron trabajando en una capilla rosarina cuando colaboraban con las monjas de Cáritas. La fe fue un punto en común para la pareja desde su inicio. Pero su espíritu religioso corría por las sendas tradicionales de la iglesia, hasta que Loly enfermó y Amor Ojeda buscó nuevos lugares y nuevas figuras donde depositar su fe. Fue así que alguien le habló del gaucho pagano y viajaron hasta Corrientes a conocer su altar. “Este lugar está hecho por una promesa que mi esposo hizo por mi salud”, contó Loly.

     

    Desde hace más de diez años ella pasa sus tardes en el Santuario, desde el 2013 lo hace sola. Amor falleció por un cáncer que lo envejeció repentinamente pero que no le impidió estar junto a su santo hasta el último día. “Mi esposo me pidió que yo siga, que no me caiga, que siga. Y acá estoy, todos los días”, y se emociona cuando habla de Amor, su Amor.

     

    La vida a través del lente

     

    Hugo Emon no dejó evento histórico sin retratar con su infaltable y leal amiga, la cámara de fotos. Fotógrafo de raza, este fanático de Boca con más de 40 años atrás del lente retrató cursos, casamientos, cumpleaños, reuniones sociales y hasta se subió al característico tanque de agua para retratar al viejo Funes. A pesar de los celulares con cámara fotográfica que amenazan a la fotografía tradicional, a pesar de que “la gente ya no se casa como antes”, Hugo sigue firme en su pasión, animándose a todo (“ahora reconstruyo las fotos viejas”) y recordando “los inventos que hacíamos”, como la vez que se trajo un rollo infrarrojo de Australia o cuando le pegaban rollos velados a las diapositivas junto con químicos y colorantes, que con el calor generaban filtros de colores al proyectarse, adelantándose cuarenta años a Instagram. “La fotografía es todo”, dice el fotógrafo. “Tengo 72 años, tengo amigos que me preguntan hasta cuándo voy a estar, y yo voy a seguir. Tres sueños sigo en la vida: las fotos, los fierros y los colores de Boca”.

     

    El ciudadano anónimo que forjó la ciudad

     

    Antonio Azurmendi es un histórico de Funes. Nació en 1929 “en el medio del campo”, atrás de lo que hoy es el Liceo Aeronáutico Militar. Hizo la primaria en la Escuela Fiscal Nº125, se recibió de técnico mecánico y encaró ingeniería, logrando ser ingeniero mecánico a los pocos años. Pero lo que lo destaca a Antonio fue su fuerza para, desde el anonimato, colaborar en las instituciones que hicieron grande a Funes. Fundador de la Cooperativa Telefónica, de la cual resalta que “teníamos una virtud: todo el mundo, desde el presidente hasta el último vocal, opinaba. Había un altruismo tremendo. Hoy en día la Cooperativa es un monstruo”, fundador y 25 años profesor de matemáticas la escuela Nazaret, donde tuvo más de 700 alumnos a los que ayudó “con gusto” ya que “cuando me recibí decían que un ingeniero le costaba tres o cuatro millones de pesos de aquella época al estado, ¿cómo no devolverlo?”, Antonio tiene el honor de ser el diseñador del Monumento al Ciudadano Anónimo que observa todo desde el centro de la Plaza San José, homenajeando a ciudadanos anónimos como él.

     

    El hijo de todos los funenses

     

    Juan Pablo Román tiene muchas ganas de vivir, no hay otra explicación. El sábado 25 de marzo, cuando ya había caído la noche, el pibe de 14 años se probó su mejor pilcha para la reunión de jóvenes de Comunidad Cristiana, la iglesia ubicada en Independencia al 2000, y encaró para la Ruta, para tomar el colectivo que lo acerque al lejano centro funense, ya que vive en el olvidado y ninguneado Villa Golf. Cruzar la Ruta es siempre una odisea, y más a esa altura, donde los vehículos “van a todo lo que da” y los reclamos de “semáforo ya” que grita el barrio nacieron hace una década y todavía no se hicieron realidad. La ruta no estaba iluminada a la altura de la garita 1 esa noche. Una mujer a bordo de un Citroen lo atropelló, “le pegó de costado”, como contó su papá Cristian, y lo dejó tendido en el suelo, inconsciente. “No lo vi, no lo vi”, gritaba la conductora mientras lloraba. Ella pasó la noche en la comisaría 23. Juampi la pasó en Rosario, en el hospital de niños Víctor J. Vilela. Lo indujeron a un coma para que su cerebro no trabaje, se hizo dependiente de un respirador artificial. Su pronóstico era reservado y su estado, crítico. Pero, sorprendentemente, en cuatro días abrió sus ojos y en dos semanas estaba en su casa. “La mano de Dios, no hay otra”, dice su papá. A los pocos meses volvió a jugar al fútbol en su querido Defensores de Funes. Es que Juampi tiene muchas ganas de vivir, no hay otra explicación.

     

    Los serenos de la discoteca

     

    La de los García es una historia especial. La familia llegó a principios de los 80 a la ciudad y se fueron a vivir a un lugar curioso: la casa que estaba dentro del boliche Rojo 7000 para los más grandes, El Quinto Pirata para los que son un poco más jóvenes. La familia accedió a contar su historia justo ahora que la vieja construcción fue arrasada con topadoras y dio pasó a un nuevo emprendimiento. Es que en sus memorias viven los recuerdos, imborrables e invencibles, que permiten reconstruir aquellas gloriosas noches de no poder dormir por la música, de juegos en la cabina del DJ, de chistes con los músicos de Soda Stereo o de Vilma Palma e Vampiros, pero también los días de limpieza, de travesuras en la barra, de la desnudez de un boliche iluminado por el sol, de la gran inundación de 1988.

     

    Años después, en la casa de los García de Villa Golf casi no hay ruido. No hay música, no hay televisor prendido. A Delia, la mamá, no le gusta, prefiere el silencio después de haber vivido con música toda su vida. “Boliches como el Quinto o como el Rojo no hubo más”, dice Alberto, el papá, con una sonrisa, y tose, tose mucho. “Es por trabajar tantos años entre el humo del cigarrillo”, explica. Cuando vivían en la discoteca, cada miembro de la familia había plantado un árbol distinto en el patio. Eran suyos, llevaban sus nombres. Mauricio, uno de los hermanos, fue hace poco, cuando las topadoras ya habían pasado. Vio que sus árboles también habían sido víctimas. Dice que eso fue lo que más triste lo puso.

     

    Eduardo Conforti, periodista de raza

     

    El 7 de junio se festejó el Día del Periodista. Fue el día en que Mariano Moreno fundó, en 1810, el primer periódico de la etapa independentista del país: “La Gazeta de Buenos Ayres”. InfoFunes lo celebró junto a una de las voces más reconocidas del periodismo regional, un hombre que tiene en su haber casi 50 años del “oficio más lindo del mundo”.

     

    Eduardo Conforti es periodista desde sus 17 años, dio sus primeros pasos como locutor en LT3 en el año 1969 estando aún en la secundaria y hoy, con sus 66 recién cumplidos, alcanza una trayectoria de casi medio siglo. “Lo que más gratificación me dio y me sigue dando es el reconocimiento de la gente, el cariño y que me consideren un periodista “serio”, no un vende humo ni un tira bombas, sino que consideren mi opinión en esos términos, con seriedad”, contó y afirmó: “El periodismo ha cambiado, pero creo que fundamentalmente la esencia no se modifica. El periodismo tiene que tener, lo que tantas veces se dice: vocación. Si vos no tenes vocación, esa llamita, ese amor por el periodismo, no va”.

     

    Titina, la de los 298 vestidos de novia

     

    Titina López fue Catalina García hasta que comenzó a coser. La modista funense tiene hoy 87 años, más de 70 de trayectoria y cientos de vestidos en su haber. A los doce cosía prendas para su familia con la máquina de su abuela. Unos pocos años después el boca en boca la referenciaba como la modista más detallista y laboriosa de la zona. Cosía los ruedos a mano “porque la caída de la tela es otra cosa” y bordaba canutillos durante día y noche. Una perfeccionista que le dedicaba jornadas enteras a cada encargue.

     

    Ella fue una de las protagonistas en el cumpleaños del Museo Murray: la muestra que se inauguró con motivo de su décimo aniversario tuvo un rincón de su taller de costura en donde se exhibió uno de sus vestidos de novia, y con él un retazo de la historia de la ciudad.

     

    De Funes a las luces de Disney

     

    Juan Bautista Herrera tiene 20 años y tiene la seguridad de ser un apasionado por lo que hace. Comenzó a actuar a los 6 años, jugando en su casa, y no paró más. “Más de grande me fui dando cuenta que no era un juego lo que quería, un hobby, era una pasión lo que sentía por estar arriba del escenario, tenía ganas de que eso fuese para toda la vida”, recordó en la entrevista con InfoFunes en la que contó su historia. No dejó tabla de escenario sin gastar hasta que se animó a dar el gran paso y llegar a Buenos Aires, donde, sin saberlo, lo esperaba tocar el cielo con las manos: Disney. “Trabajar con Disney es una locura. Es la productora más grande del mundo, es un sueño hecho realidad”, intenta explicar uno de los protagonistas de la serie Once. Intento que, seguramente, lo deja insatisfecho, porque las pasiones no se explican, se llevan bien adentro.

     

    Eugenio y los Boczarski

     

    Quienes saben muy bien lo que es adquirir y afinar una dinámica inclusiva en familia son los Boczarski. Ellos son cuatro: María Isabel y Juan Pablo son los padres de Eugenio y de Thiago, de diez y ocho años. Hasta aquí la historia de la familia tipo, con las mismas inquietudes de cualquier otra. Pero la particularidad de la familia Boczarski es que Euge tiene un trastorno en su motricidad y Thiago es un nene con síndrome de down.

    Y no sólo son particulares por la condición de cada uno, sino porque, aun cuando enseñar o trasmitir la autosuficiencia es una constante en la tarea de criar; hacerlo -y con creces- cuando se cría en la discapacidad, es algo admirable. Acompañar el crecimiento y los desafíos que implican, motivar, apuntalar, ser sostén, son algunos elementos de la crianza en lo cotidiano. Tal vez sean hechos cruciales, algo así como un gran diploma de maternidad y paternidad.

    Euge y Thiago dan cuenta de que con amor y confianza, todo se logra. Los dos sortean obstáculos y se desenvuelven con una entereza admirable. El premio a Deportista Destacado que recibió Eugenio esta semana en la categoría ciclismo adaptado da cuenta de que apoyo, contención y arengue amoroso sobra en esta familia que es un ejemplo.

     

    Yamila le pone el pecho a la vida

     

    En el mes de la lucha contra el cáncer de mama, Yamila Andreoli, una funense de unos cortos 30 años y mamá de una nena de tres, viralizó un video en primera persona para crear conciencia de la importancia de los controles médicos. “tocate la teta, porque muchas veces detectarlo vos te puede salvar la vida”.

     

    En junio le diagnosticaron un cáncer de mama e inmediatamente comenzó las quimio. “En el primer momento me pregunté por qué a mí, pero ahora me pregunto para qué. Yo no quiero que el cáncer pase en mi vida nada más que para dañar mi cuerpo, tiene que dejarme algo”, afirmó convencida de que “es una enfermedad de mierda, pero te transforma para bien”.

     

    Yamila destacó la importancia de hablar sobre el cáncer. Crear conciencia, en primera persona. Ella sabe que es un tema tabú y que no debería serlo: “No nombran la palabra, nadie dice cáncer; hay una parte de la sociedad para la que la palabra cáncer es igual a muerte, y no es así”, aseguró con entereza.

     

    El profe Johny y cómo superar obstáculos para estar con la redonda

     

    A Jonathan Schneider le encanta el fútbol. Siempre se prende a mirar los partidos que se arman en la canchita frente a su casa. Pero, indudablemente, lo que más disfruta es cuando tiene que dirigir a las dos categorías de Atletas de Cristo que tiene a su cargo. La silla de ruedas en la que se mueve desde que tiene 18 años llama la atención de todos cuando dirige en la cancha, pero para él es un detalle menor. “Es complicado ser yo y a la vez estar quieto. No puedo, así que trato de mantenerme haciendo algo para que la salud mental esté bien, y para eso el fútbol ayuda. Miro mucho, me gusta aprender. La mayoría de las cosas las aprendí mirando videos y con consejos de gente que sabe, hay que saber escuchar”. Es hincha de Boca, y dice que le gusta Bianchi porque “es inteligente”. “Voy a seguir dirigiendo, me gusta. Me gusta renegar”, comentó el dt, especialista en gambetear las patadas de la vida.

     

    Rodolfo Olmos: “Realmente se puede, está todo en la cabeza”

     

    Rodolfo Olmos tiene 39 años y trabaja desde hace 18 arriba de un remise. Pero desde hace dos, sus pasajeros “casi no lo reconocen”. Logró bajar 96 kilos y su calidad de vida es desde entonces lo que más valora.

     

    La rutina de Rodolfo, que trabaja de lunes a sábados doce horas por día arriba de un auto, se complementa con el deporte y la buena alimentación. Entrena taekwondo dos veces por día y sale a caminar dos veces por semana. Meses atrás alcanzó el tercer puesto en el mundial de taekwondo que tuvo lugar en la ciudad de Corrientes. Un ejemplo de que las metas se alcanzan con voluntad: “Realmente se puede, está todo en la cabeza”.

     

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